jueves, 7 de septiembre de 2017

PARECIDOS


No soy distinta ti, mujer
me duelen igual tus esguinces y tus heridas
la torcedura de la certeza y todas sus dudas;
del inflamado miedo, sufro toda su fiebre
de la enconada mentira, toda su pestilente pus,
huyo de la rapacidad del egoísmo
aunque a veces
me alcanza, e igual me cobra.
No soy distinta a ti, mujer
estoy de tu lado
al lado tuyo
enfrente de ti, por si caes de bruces
atrás, como sombra redonda y móvil,
tengo la piel delgada debajo de los ojos
encima de las manos y del sentir,
me levanto por un sueño y me acuesto
a soñarlo;
como tú, sé del salto al vacío
a la cama llena de cansancio,
estamos en lo convexo y en
lo cóncavo del amor
somos la boca para la palabra
el beso
la oración
la mano trabajadora
la tierna
la empuñada.
No soy distinta a ti, mujer
ni al hombre que
me lee ahora y pasa saliva,
él, que ha de parir su propia vida
-a diario-
como tú
como yo
y se verá en mí, y yo en él
se reconocerá en las similitudes
y se conocerá en las diferencias
en este poema sin género ni genialidad
tan lleno, sólo
de parecidos.

IRMA PEREZ, La Pillis - 2012

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