domingo, 31 de julio de 2016

Poema, EN ALAS DE PEGASO

Para aquellos que se sientan identificados, este poema va con el ritmo de mis pulsaciones quizá mas extremas. Igual, sólo me aproximo a lo que nunca he vivido, a lo que a través de las historias de seres amados, he podido ver y sentir. Reverencia con toda mi admiración, consideración, aprecio y respeto para todos, pero especialmente, para aquellos que han logrado subirse al lomo de su propio Pegaso. Para el resto, pues nada, decirles que este es un mensaje de amor, escrito entre las líneas de un poema muy triste pero, como en la vida real lo he visto y constatado felizmente, con la firme convicción del "si es posible" y de la fuerza poderosa de la esperanza que el rodearlos amorosamente les ofrece.
💚

EN ALAS DE PEGASO

Es de noche y, de repente
cabalgo sobre un caballo desbocado,
me suda la sangre en frío
mientras recibo lengüetazos desde adentro
de los tizones que nunca se sofocan.
Las imágenes amables se atoran en el camino
y desaparezco del mundo y de mi,
incapaz de soportarme presente.
Con la velocidad que me da el fuete
corro y corro y corro, como huyendo,
buscando aquello que me sople las venas
que me encienda y que igual, me apague.
Vivo entonces la excitación de la oscura noche
en el fondo de un océano de espejos rotos,
como abstractos autorretratos en agonía.
Vivo la mentira, como una planta carnívora
que sale de mi boca y que se levanta robusta,
como un muro que me deja del lado de mis pérdidas
¡oh! mis pérdidas -cuantas lágrimas por ellas -
y la insufrible soledad.
Al final, un ser mermado y solo, se arrincona
dentro de mi agotado cuerpo, enfermo cuerpo
con la ropa sucia,
la mirada sucia y la piel del mismo color
suplicando sueño y más sueño
para no estar en ninguna parte.
Es de día y, de repente
no encuentro caballo ni pies de regreso,
quizá era el tiempo cabalgando y no yo - me digo -
o, quizá era yo en un espacio a temporal, brevìsimo,
como un mudo e imperceptible chasquido de dedos.
La memoria se oculta para no avergonzarse,
la voluntad llora su inutilidad y sumisión,
la conciencia se declara anestesiada
y niega cualquier ansia, cualquier culpa,
y la vida... pero la vida...
ah, la vida en cambio me muestra de nuevo
las otras cosas que siempre olvido, las que amo...
me hace señas, me sonríe,
me llama, me acaricia, me mira
y yo, yo entonces sin saber qué ve, qué la mueve,
me descargo sobre el piso-cama de mi dolor
y allí me dejo recoger y (¡por favor!) ... abrazar;
en el alivio de ese amparo,
cierro el confiado abrazo
y no deseo morir jamás de otra manera.
Es otro momento y de repente,
cabalgo por el aire sobre mi propio Pegaso,
vuelvo a estar entre el cielo y la tierra,
sobre lo perdonable y lo perdonado,
frente a mi mirada y a otros ojos,
por encima de aquel océano de espejos rotos,
entre el amor y la pared.

IRMA PEREZ, La Pillis - 2015

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