Si uno se pone a caminar por el borde del acantilado de las decepciones y frustraciones, lo mas seguro es que, si no el vértigo de la duda, será la fortaleza de los tobillos de la voluntad, lo que determine la hora de una caída inminente. Alejarnos entonces de los filos o los bordes que nos cierran el camino con tragos de resentimiento y amargura, y de lo que amenaza vulnerar la paz y estabilidad de nuestra existencia, es concederle al bendito y comprobado terceto amor-confianza-perdón, que construyan el piso firme del cielo abierto por donde un pie sale confiado adelante, seguido inmediatamente del otro.
IRMA P.







