Cuento del mar El no era pescador, pero vivía al lado del mar en una casa hecha de hojas secas y ramas de palma. No abría ventanas porque no tenía, no tenía puerta, ni luz eléctrica, ni diario, ni vecinos. Había decidido hacía muchos años , vivir lejos de las ciudades y de las multitudes. Se llamaba Antonio. Era un hombre tranquilo, puntual y cauteloso como un cangrejo. Todos los días se levantaba a atizar el fuego para calentar el café que traía sin falta cada tres meses del pueblo más cercano. Una vez la taza en sus manos, y el corazón en el mar, se sentaba a esperar la salida del sol. Esto era para él, el momento más importante del día. La razón del "para qué" había nacido. Un día, postrado en su estera, la escuchó por primera vez. Una suave voz a lo lejos, una voz de mujer, insinuándose hermosa, cantaba una melodía en tonos bajos, poco audible, pero dulce y serena. Era inevitable no buscarla, acercarse y ver de dónde provenía. No daba con ella por más que caminaba y camin...