Juventud,
¡Divina juventud!
no escuches mas allá de la cantaleta,
suficiente es una sola vez
pues la palabra es maestra si viene
del amor, de la bondad y la experiencia
el desamor, en cambio,
viene de no haber recibido jamás
un buen consejo,
eso lo sabrás de todos modos,
como el viejo que sabe más, no por viejo,
pero por haber vivido tanto
anda, muévete como te suene el cuerpo,
enamorate un lunes y todos los días,
pero no maquilles el amor
ni subestimes su fuerza,
pues ésta, siempre,
siempre será mayor que la tuya
ahora crees hasta donde has visto,
pero aquello que no conoces
también es y será,
por eso, cuida de ti y de quien te ama
como cuidas de aquello que más te gusta,
que con ello, no tendrás que lamentar
la pérdida de sueños propios y compartidos,
en cambio,
sí fortalecerás la templanza,
gracias a la confianza otorgada tras tus mejores
decisiones y aciertos
amarra a la impaciencia por el cuello
y no le permitas acoso ni bestialidad
-esa siempre se equivoca-
sé esponja,
filtro,
instrumento,
el recipiente en donde van a parar
las emociones sin mesura
desde esa altura, en donde te sobre oxígeno,
vigila rabiosamente la tierra que vas pisando,
esa que es cultivo de semillas felices
que son promesa de flor
del adulto mayor que serás
ama tu juventud y abrázala,
de tal manera que ni lo uno -la juventud-,
ni lo otro -el abrazo-
te falte nunca
la vida tiene ojos antiguos, ¿sabes?
pero es tan joven y hermosa
como la apasionada y nueva mirada
con que tú la ves.
IRMA, LaPillis