La Poesía se ha ido. Ella hace eso a veces. Pero esta vez, antes de irse, me habló con los ojos llenos de verdad y de bondad. Enfática y con sabiduría paternal y maestría maternal, me dijo:
Irma, si no te detienes y miras lo que has sembrado, no podrás saber lo que hasta ahora has logrado. Recuerda que desde la distancia se puede ver mejor todo el horizonte y el alcance absoluto de la persistencia y la paciencia que, como sabes, siempre son fieles retribuyendo en abundancia. Paremos un poco, que la cosecha, si no se recoge se pierde, lo que significa que desperdiciarías su razón de ser y el fruto justo para tus manos. Debes saber también que, para que yo pueda volver, me has de haber hecho un espacio desde la fertilidad de una tierra removida, abonada y fresca. No creas un solo momento de tu vida que te he dejado o que me voy llevándome imágenes y letras que, definitivamente, no saben a nada si no las hacemos juntas. No tengo otro lugar para volver que a ti. Quien te espera entonces, soy yo.
No sé, en este devenir poético, uno dice un día una cosa y, al otro día... Quién sabe.



