Uno tiene que saber, que si a uno le gusta escribir y comunicar, eso, poco o nada, le interesa o le importa al lector.
Uno no tiene que decirle qué pensar, qué sentir y mucho menos -ojalá menos- qué tiene que hacer. Tampoco es del oficio señalar tal o cual "deber". Como el de nadie.
Un sólo renglón se necesita para conectar, desde la fibra, un punto a otro.
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"Toda crítica verdadera es un acto de amor".