LA PILLIS

IRMA PÉREZ ESCORCIA

BIENVENIDOS

Este es un rincón donde las emociones encuentran palabras, donde el alma se expresa sin máscaras y cada verso es un latido compartido.

Gracias por entrar a este, mi Universo Poético.

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SI LA POESÍA FUERA UN VIÑEDO

Poema para leer con una copa de vino al lado 
😉



Si la poesía fuera un viñedo:
La mujer mira el viñedo
y se come la uva con piel, pepas y todo,
el hombre mira el viñedo
y se come la uva con todo


el hombre no mira el viñedo
y se come la uva,
la mujer no mira el viñedo
y pasa de la uva

el viñedo es del hombre
y la mujer da por hecho
una copa con su nombre,
el viñedo es de la mujer
y el hombre degusta y
vuelve, si le embriaga

el viñedo es del hombre, y el hombre 
compra el vino en un supermercado,
el viñedo es de la mujer, y la mujer 
se mira en la botella antes de comprarlo.


hay que ver las posibilidades infinitas
que hay en un racimo de uvas;
por fortuna abundan los viñedos,
los colores de uvas
y las formas de las copas

pero no es el viñedo el que
selecciona el género
es la boca, que encuentra el poema.

IRMA, La Pillis

DE LA VIOLENCIA ENTRE GÉNEROS - Sentipensando


No es un secreto que amo, admiro, respeto y valoro la existencia del hombre, la masculinidad, la paternidad, lo que yo no soy y jamás seré, y eso, más allá de lo que pudiera expresar sub y objetivamente. Pero hoy, hoy soy una mujer expresándose como mujer, por la mujer y a favor de la mujer que no ha conocido jamás una sola razón para sentir y compartir lo que digo.
Cada año en esta fecha, se nos recuerda que la mujer a través de la historia ha sufrido todo tipo de abuso, carencia y violencia, y que ese es un pasado que no pasa y no termina marcadas las 24 horas de este día. Quizá yo no haga mucho para nivelar el piso en donde nos paramos todos, pero creo que esto no es cosa de hacer peso, es cuestión de "juntarlo".
Hoy levanto la voz por la Mujer, sí, sin embargo, yo voy contra toda violencia de género, y no porque hoy toque, si no porque cada día se evidencia una trágica y aterradora realidad que separa irreversible e irreparablemente el puente de comunicación y armonía entre hombres y mujeres y mujeres y hombres, hasta el punto de la desaparición de la humanidad. 
Si de algo tenemos que avergonzarnos como seres humanos, es de ser tan violentos unos con otros -desconfiados, envidiosos, inquisitivos, malintencionados, egoístas, criticones, prejuiciosos, arrogantes- y tan así, que no merecemos la representación del inestimable y particular género que somos, ni la generosidad de la maravillosa esencia natural de cada uno.

IRMA, LaPillis 

SOY MUJER

 

¡Es mujer!
le han dicho a la mujer que me parió,
que no soy hombre
 
sí, mujer, es decir,
la ternura de la cáscara del durazno y
la esperanza de los troncos milenarios,
el viento que levanta fuego 
y la brisa que apacigua ardores

pelusa,
lija,
encaje,
dobladillo,
alcancía
vacía, de todo me lleno

soy la luz de la luna creciente y 
el preludio de su llenura,
y mis contracciones 
son el arrebato de los arreboles

soy húmeda y refinada sal 
en los pliegues, 
y en los contornos de mi universo 
reservado, pacífica caída de agua

tras la apariencia, 
en el centro vivo todas las revoluciones

soy un laberinto en mis adentros,
y en mis bordes 
soy cóncavo acomodo,
encuentro y distancia soy,
el punto entre la nada y las flores

soy la prisa de la gacela cuando me llaman,
cuando no me esperan, soy 
silencio de cuna vacía

soy 
vasija,
capullo,
ojal,
origen, 
fin, si quiero

la compañía, también soy,
el cobijo de todos los fríos,
cuando caen las pestañas
soy la soledad aglomerada

soy mujer, y no soy hombre,
porque de ellos soy 
el misterio,
la luz,
la locura

soy el perdón,
el olvido de todas las cosas pero también,
soy la memoria de la concha sin su perla

soy el aroma del tomate y 
la cebolla a fuego lento,
el deseo adherido en los dedos conocidos

soy ese encuentro de las olas 
con su amante orilla,
mordida, lamida a todas horas

soy la colorida hamaca en 
el balcón de las palomas ausentes,
el cuerpo adolorido en 
interminables 
calendarios, 
y mis pezones son los ojos de mi debilidad

soy la corbata,
la soga,
el cordón,
el fino hilo de la vida

la llama y la vela,
habitante y casa,
la cueva que guarda calores innombrables,
soy 
toda la sensibilidad del amor de los poetas

soy madre,
núcleo, 
recurso,
procedencia y principio,
el todo y la nada,
la vida,
hasta la muerte.

IRMA, LaPillis 


COMO NIÑA, COMO MUJER

En qué momento 
terminó aquel tiempo...

era niña y soñaba mucho
porque creía en todo,
porque todo era posible,
porque sólo hacia falta creer,
creer como creía,
como creía amar,
como amaba,
como niña...

Pero en algún momento,
esa niña creció
sin ver si iba creyendo,
sin advertir si aún soñaba,
y la amaron,
y amó,
y no la amaron,
y no amó
como creía amar,
como amaba,
como mujer...

Hoy suena una canción,
cualquier canción de amor,
y esa niña,
y esa mujer,
sueñan..., juntas sueñan,
sin edad
y sin tiempo.

IRMA, La Pillis 
2013

LA MUJER





Mujer,
quién te dijo que pintaras tu rostro,
que ocultaras tu rastro,
que engañaras al tiempo,
que aumentaras tu ego,
que bajaras de peso

quién te convenció de eso,
de eso que te distrajo de ti

y es que, quien te lo dijo 
se pierde de ciego,
que es que no es la belleza,
es la mujer.

IRMA, La Pillis 
2014


IRMA PEREZ, LaPillis - PROGRAMA VIDEO DE INÉS RECAMIER, La Librera


"Escarcha dorada tienen mis plumas hoy. He volado en espacio desconocido en donde la literatura reúne a sus magnos esenciales, y se me ha prestado por un momento la cima del pino verde para ser vista, sin dicha escarcha, como la humilde portalira que soy.
He vuelto a mi lugar; vuelvo porque sé cuál es mi lugar. Me sacudo y vuelvo a mirar las primeras letras de un alborozado y nostálgico poema.
Sonrío; me traje la sonrisa más bonita del bosque, claro está, sin dejar al bosque sin su sonrisa. Hay una mujer detrás de ella. Levanto mis alas y le saludo diciendo: Inés, brilla mujer, bendito el privilegio de tu opción; de oro es el corazón de quien comparte la grandeza de su cielo; así que, ¡brilla mujer!".

Gracias, mil gracias, #LaLibrera Inés Récamier, querida amiga, por siempre.

🖊
Y, también GRACIAS, queridos amigos y queridas amigas, por lo maravilloso de su acompañamiento, lo asombroso de su interés y lo bonito de su cariño frente a esta invitación. Para quienes no lograron verlo anoche, aquí se los dejo, ¡disfrútenlo!






UNA MUJER, Y OTRA


De un puñado de estrellas
no se saca un arito de oro;
no es como se cree,
no es como se quiere,
no es, como nada


demasiadas lágrimas han rodado
cuesta abajo
desde la cuna hasta el acunar

una mujer, y otra,
se acurrucan sobre piedras
más blandas que lo vivido

no hay cuento azul,
ni final rosa,
el silencio es un habitante
en la oscuridad de la garganta


todo lo que brillaba del universo,
se fue apagando como velas amanecidas 
a los pies de los santos


la soledad y la tristeza enriquecieron,
mientras que la alegría
nunca pudo burlar a la pobreza


por eso,
de un puñado de estrellas
no se saca un arito de oro;
no es como se cree,
no es como se quiere,
no es como nada


el cielo no es uno sólo,
como una sola, no es la mujer


para ella el cielo puede ser
un techo cuadriculado,
un bombillo en intermitente agonía,
una tarde entre sabores,
un segundo


unos ojos de miel,
dorados,
redondos,
dulces,
lustrosos,
vitales,

como un aro estelar
alrededor del pulso.


IRMA, LaPillis 

MUJER


Que te falte todo, mujer,
pero que no te falten
los colores del cielo y su horizonte,
el abrigo ni las medias de lana a
media noche,
tampoco ese libro que te dice cosas,
ni las naranjas, ni el agua del jardín
que no te falte el reposo,
la fiesta de colores,
el paseo sin zapatos,
las manos limpias
todo te puede faltar, pero no
el bendito amor y sus placeres,
la hoguera dentro y fuera,
el cojín mullido,
la maravillosa risa,
la soledad contigo,
la multitud de flores,
el aire de afuera,
la manía de ser música y danza
que no te falte la voz
pero mucho menos el silencio,
la prudente distancia y
los necesarios encuentros,
el goce del fin y del comienzo,
la espiritualidad profunda que es
luz de sabios y tu casa
que te sean devueltas
tus caricias y tus ternuras,
el abrazo de todos tus hijos
y de todos tus abrazos
el beso
que no te falte nada, mujer,
y, aunque así fuera,
si algo pudiera faltarte,
de buena madera estás hecha,
de buena fibra,
pareces una pompa de jabón
pero no lo eres:
tú, sólo desapareces
en manos de Dios.

IRMA, LaPillis

Cuento, CUENTO DEL MAR

Cuento del mar

El no era pescador, pero vivía al lado del mar en una casa hecha de hojas secas y ramas de palma. No abría ventanas porque no tenía; no tenía puerta, ni luz eléctrica, ni diario, ni vecinos. Había decidido, hacía muchos años, vivir lejos de las ciudades y de las multitudes. Se llamaba Antonio. Era un hombre tranquilo, puntual y cauteloso como un cangrejo. Todos los días se levantaba a atizar el fuego para calentar el café que traía, sin falta cada tres meses, del pueblo más cercano. Una vez la taza en sus manos y el corazón en el mar, se sentaba a esperar la salida del sol. Esto era para él, el momento más importante del día. La razón del "para qué" había nacido. 
Un día, postrado en su estera, la escuchó por primera vez. Una suave voz a lo lejos, una voz de mujer, insinuándose hermosa. Cantaba una melodía en tonos bajos, poco audible, pero dulce y serena. Era inevitable no buscarla, acercarse y ver de dónde provenía. No daba con ella por más que caminaba y caminaba con los oídos atentos y los ojos escudriñándolo todo. Así pasaron varios días hasta que desistió. Pero un día, mientras servía su café, de espaldas al mar, sintió de nuevo aquella voz. Esta vez, muy cerca como un susurro al oído. Entre la sorpresa y el espanto, cayó sentado al lado del fuego, mientras espabilaba sus ojos para enfocar la imagen. 
Una enorme luz, una claridad, un rayo agradable, le hicieron verlo todo como un horizonte nuevo. Frente a él, brillaba una figura estilizada y larga con piel de pez fantástico y cabellos de oro. Todo brillaba en esa mujer, sus ojos, sus dientes; sus mejillas salpicadas con escarcha marina, sus manos blancas e iluminadas como estrellas. Era un cuerpo de mujer lleno de sensualidad, sus curvas terminaban justo en las rodillas, las que tenía juntas y, desde ese punto, se formaba una aleta que completaba su increíble figura.
Se miraron un breve momento. Ella cantó, él cerró los ojos imaginando que tal vez se trataba de un ángel del mar. 
Nada volvió a ser igual para Antonio. Ella desaparece. Aquella voz había llenado su ser y le había dejado en el corazón del alma un gozo indescriptible. La llamaría Iris, como el arco iris que sale justo después que ella desaparece. Esperarla se convirtió para él en su razón de ser. No había nada en la vida, ni siquiera la salida del sol, que importara más que su sirena. Pero ella no estaba siempre, sólo aparecía cuando Antonio pensaba en sus días remotos. Antonio comenzó a dejar sus labores, un abuso de soledad le fue apocando el cuerpo. No comía y dormía muy poco. Siempre esperando. De vez en cuando creía escucharla y corría a llamarla. Sabía que ella le escuchaba y siempre le contestaba. 
Pasó el tiempo. Antonio y la sirena vivieron amaneceres en medio de la locura del placer. Día tras día se fundían en ese encuentro de pez y ciudad, de branquias y boca, de agua salada y viento tibio. 
Dicen que un día les vieron alrededor del fuego bebiendo café. Dicen, los que pasan por aquella playa, que Antonio aprendió a nadar sin mojarse y que la sirena, Iris, cansada de estar sola, lo dejó ahogar.

Irma, LaPillis, 2014
(Colombia)



YO SOY LA OTRA MUJER

"El férreo heteropatriarcado imperante en los EE.UU. de los años 50, entendía como enfermedad mental cualquier impulso creativo que procediera de una mujer. Los hombres, por su parte, sí tenían libertad creadora y se les consideraba genios, artistas o precursores culturales. Pero cuando las mujeres quisieron expresarse de la misma forma, sufrieron el encierro en manicomios por parte de sus familiares, donde se les sometía a electrochoques y otras prácticas aberrantes."


Desde este otro extremo del tiempo, 
escribo del "por fin" que no me pertenece:
de otras mujeres, es

¡yo soy la otra mujer!
la visible, 
la no condenable

pero, a la vez soy, el efecto y la causa,
la memoria que exhala su más largo suspiro 
de todas ellas. 

IRMA, LaPillis 

OTRA MUJER


Yo a veces quiero ser otra mujer,
ser eso y ser lo otro,
tener más o tener menos

pero me acuerdo de ti,
de que es a mí
a quien tú amas cuando miras,
y entonces,
esa otra mujer desaparece
tras la envidia
de no ser yo.


IRMA, LaPillis


PARECIDOS


No soy distinta a ti, mujer;
me duelen igual tus esguinces y tus heridas,
la torcedura de la certeza y todas sus dudas

del inflamado miedo, sufro toda su fiebre,
de la enconada mentira, toda su pestilente pus

huyo de la rapacidad del egoísmo
aunque a veces me alcanza e igual, me cobra

no soy distinta a ti, mujer,
estoy de tu lado,
al lado tuyo,
enfrente de tí por si caes de bruces;
atrás, como sombra redonda y móvil

tengo la piel delgada debajo de los ojos,
encima de las manos y del sentir;
me levanto por un sueño
y me acuesto a soñarlo

como tú, sé del salto al vacío,
a la cama, llena de cansancio;
estamos en lo convexo y en
lo cóncavo del amor

somos la boca para la palabra,
el beso,
la oración

la mano trabajadora,
la tierna,
la empuñada

no soy distinta a ti, mujer,
ni al hombre que
me lee ahora y pasa saliva

él, que ha de parir su propia vida
-a diario-
como tú,
como yo,
y se verá en mí y yo en él;
se reconocerá en las similitudes
y se conocerá en las diferencias;
en este poema sin género ni genialidad,
tan lleno, sólo,
de parecidos.

IRMA, LaPillis

Poema, A UNA MUJER DEL CAMPO



Cómo se le ocurre retratarme a mí,
si es que, segurito, la que no ve bien soy yo

¿acaso, qué es lo que sumercé ha visto?
será alguna tristeza de esas 
que no aguanta más pena o,
que le llame la atención 
esta mirada 
que ya no escondo porque de eso, de pura pena,
cuando me vaya, me iré bien llena.


Nunca tuve vergüenza y menos ahora,
sólo me vi a mi misma en los espejos del agua,
nunca vi arrugas, nunca vi canas,
y de la cicatriz y el callo he vivido acostumbrada.


Cómo es que me mira y se detiene;
qué le puede decir esta mirada
si acaso, el nuevo rostro de la vida cotidiana
y todos los años juntos
en el cansado gesto de una anciana resignada.


¿Pero sabe? lo he pensado,
ahora no quiero que pase de largo;
le voy a proponer un trato
un trato de una mujer del campo:
tome su foto y déjeme invitarlo,
yo le preparo un café y mientras, conversamos,
y sumercé 
luego me lleva, 
en ese humilde retrato,
lo más lejos que pueda
de este lugar olvidado.

IRMA, La Pillis - 2014



SER MUJER ES UNA COSA DIVINA - Sentipensando




Ser mujer  ¡es una cosa divina!,
en nuestro diálogo íntimo lo sabemos,
y cada vez que eso sucede,
somos un poco más felices. 

IRMA, LaPillis 

DEL APOYO ENTRE MUJERES - Sentipensando

 

Luego de algunas lecturas, se asomó a mi mente la siguiente afirmación: "En realidad, pocas mujeres empatizan con sus iguales y se apoyan entre sí"; entonces, de mujer a mujer, me hice la pregunta a mí misma: ¿Lo haces tú? Y la respuesta se dejó sentir como un golpe agudo en el dedo pequeño del pie; imagínese.
Con ese dolor escribo ahora, lo que me corresponde.
IRMA, LaPillis



MUJER QUE LEE


Mujer, que lees,
para ti,
para otros lees

para la sangre,
para el grito y la memoria

para el descanso y 
la esperanza, lees

llenas la boca de tu mente y,
de repente,
conoces el ancho de un latido

luego, 
eso eres.


IRMA, LaPillis 

LA CORTESÍA DEL MIEDO - Cuento

De cuentos y cosas que pasan...


La cortesía del miedo

Once de la mañana y el café tiene un par de mesas ocupadas. Amanda se recoge el pelo, cosa que sabe no debe hacer detrás del mostrador. Se mira en el reflejo de la pantalla del microondas, se encuentra linda esa mañana. Abre la caja, cuenta unos billetes, hace algunas anotaciones. Revisa la nevera, vence el frío, saca un par de productos congelados, cuenta las gaseosas.
Luego busca un trapo para limpiar los mesones, recoge una mesa, se da vuelta y de pronto aparece ese hombre maloliente y sucio que pasa a diario y se queda parado en la puerta mirando el televisor y mirándola a ella. Mientras, Amanda aparenta no perturbase por su presencia. Sigue el asunto como si nada, pero siempre alerta.
"¡Esas son las armas más poderosas! ¡Ese Hitler era un asesino! Mataba a los negros, los degollaba, no le gustaban los negros. Yo no soy negro, él sólo dejaba vivir a los blancos. Por él fue que comenzó la tercera guerra mundial. Oiga monita, un vasito con agua, el agua no se le niega a nadie..." -
Amanda medio sonríe, más por miedo que por otra cosa, asienta con la cabeza y busca rápidamente un vaso desechable. Lo llena de agua, lo lleva a toda prisa sin decir nada.
-"Ese Hitler era un asesino, seguía diciendo el hombre, pero no de esos que uno se encuentra por ahí que lo quieren matar a uno con un palo. Yo los cojo a patadas a esos hijueputas. Yo no me dejo. Yo también les doy"...

La mujer empieza a secar los platos, se conoce bien, sabe que le atemorizan hasta el llanto los vagos de la calle. El hombre empieza a poner nerviosos a los clientes que se miran unos a otros y luego a ella. Sigue vociferando en contra de los nazis, destruye el vaso con su mano violentamente y lo arroja al piso.
De pronto, aquel vagabundo, oculto tras su aura de miseria, abre sus enormes ojos quedando en evidencia la locura. Los posa, desafiante, en el rostro pálido de la mujer. Sonríe malévolamente. Amanda, en ese instante, aterrada y llena miedo, encuentra una similitud con lo que pudiera ser la eternidad.


IRMA, LaPillis 

EL ALMA DE UNA MUJER

No es un secreto y, 
sin embargo,
pocos conocen
cómo es ése lugar
desde dónde la mujer
saca su voz


parece que es más fácil asumir,
presumir saber amarla,
que tener el valor de aproximarse
a su universo
pocas veces entendido,
tantas veces desolado


no es un secreto y, 
sin embargo, 
¿sabe usted cuando la mira, 
dónde está su alma?


IRMA, LaPillis 
2013


DE LA SONRISA DE LA MUJER - Sentipensando










Dicen que un día, muy de los primeros, la mujer dejó de sonreír y así, día a día su descendencia. No cuentan exactamente qué fue lo que pasó; sin embargo, dicen que esa fatal consecuencia empezó, cuando entristecida y sin entender porqué, se vio involucrada y como señuelo en aquel cuento condenatorio de la manzana. 

IRMA, LaPillis 





DEL RESPETO ENTRE GÉNEROS - Sentipensando



La grandeza de cada género es la equivalente aceptación del otro, como otro distinto y como otro igual. Pero, siendo al contrario en esta histórica estupidez de competencia y venganza entre géneros -entre otras cosas- sucede que: Por cada mujer no respetada y reconocida en su grandeza, hay un hombre que hará todo lo posible por ocultar que la suya es la vergüenza y la torpeza, que no levantará cabeza ni mirada y así andará sus días, muerto de miedo, muerto de envidia, muerto de ira y muerto de muerte; condenado a su propia inferioridad y, lo que es peor, a vivir sin conocer jamás, el amor de una mujer. 

IRMA, LaPillis 






En algún poema te encontrarás un día, y ese será un lugar para tí, a donde volver siempre.

BYE BYE MARZO 2026

Abril: a pesar de todo, llegas entusiasta y sano a relevar  al agotado y sufrido Marzo perdona el desorden de la casa,  la soledad del nido,...