Qué será de mi cuando te vayas,
quedaré detenida, atravesada, muda,
a media noche, como ahora
que veo venir lo inevitable
con los ojos como grifo abierto y
la mente desbocada como furioso río
que eres un préstamo,
que no eres mio,
que así debe ser,
que lo dice la luna,
que la vecina lo dice,
que eso dice la biblia y, si ella lo dice
yo como callada y sigo,
¡de ese flotador me agarro!
para no tragarme toda el agua del mar,
para llegar a salvo a mi nueva orilla
no sé qué va a ser de mi cuando te vayas,
porque te irás,
también lo quiero, ¡qué tal que no!
yo que te sé ya casi listo,
que conozco tus alas, tu pico, tus garras,
tu noche y tu sol,
que sé que tu vuelo no espera,
ni tus ganas ni tu tiempo
qué será de mi cuando eso pase,
cuando entre a tu cuarto, de tu casa que es la mía,
y me abraces solo con el olor de todas tus cosas,
y solo me mires desde allá con los ojos de una foto
esa imagen me dobla como hoja de papel
dejándome un quiebre en la mitad de mi existencia,
como frontera entre el antes y el después del
tiempo de los arrunches y las risas, y los mimos
desde este momento
siento un palo atravesado en la garganta,
un golpe en el estómago que me saca el aire
y solo quedo consiente del quejido que sale de mi
aliviando la insoportable soledad de mi pecho
que ese es el ciclo de la vida,
que la naturaleza es sabia,
que así debe ser,
que escogiste mi vientre, a mi, a tu familia,
que bla, bla, bla
¡no!, ¡qué consuelos! qué cosa más cruel,
mi nido a solas, y yo...
yo con la espiga en mi boca
todos los recuerdos, todos,
lo que eres, lo que soy,
todo reclamando, rogando alguna amnesia para
soportar el difícil desprendimiento que llega,
para que cuando esté aquí ese momento
tu no te enteres de este poema que sabe mi secreto,
este, de que en el fondo de mi corazón
quiero que te quedes,
pero si no te vas, querré irme yo para tu suerte
así que aquí me quedo,
confiando en lo que debe ser,
sonriéndole al presente,
agradeciéndole al pasado,
viéndote ahora volar con mi amor en tus nuevas alas,
y deseando que te conozca el mundo, y más allá,
y que cuando vuelvas, llenes mis brazos de ti,
cada vez que vuelvas,
con lo que vuelvas.
IRMA, LaPillis