lunes, 20 de enero de 2014

Hay cierta bondad y magia
en el placer de la reciprocidad
uno se encuentra en la sombra del otro
no porque el otro vaya al lado de uno
si no porque uno
esta adentro del otro.
I.P.
 

Poema, CONJUGACION DE VERBOS


Poema COSA SERIA


Los contrarios
hacen un Todo
la resistencia del cuero
es la delicadeza de la flor
no es blandura la del pan
si de la roca, no es dureza.
Un Todo es la vida
y la vida es todo.
Su contrario
la Nada.
I.P.



PARA ESAS/OS AMIGAS/AMIGOS QUE HOY ESTAN VIVIENDO LA FUERZA DE LA MUERTE CONTRA LA VIDA... 

Esa dinámica de la vida
la alegría de unos en la tristeza de otros
el tiempo con gafas oscuras
ocultando el sol, el llanto
la viveza de todos los colores
la alegría tras la enceguecedora agonía.
No puedo estar donde tu estas
amiga mia, amigo
allí, observando a la muerte pasearse por tu casa
como invitada que repite postre
y se levanta ingrata dejando los platos vacíos
no puedo tampoco hacerte sonreir
como antes, como hace apenas unos dias
las gafas no caerán en la noche
todo cambió
pero no cambié yo, ni lo que somos
sin embargo
nada explica, salvo los segundos vividos
nadie sabe el minuto siguiente
nadie sabe nada
nada dice nada
excepto
la unica oportunidad presente
este segundo de vida.

IRMA PEREZ, La Pillis - 2014


La muerte de la oruga es una mariposa
La muerte de la rosa es otra rosa
La muerte del fruto es abono a su árbol
La muerte del hombre...
¿en dónde estan los ojos, de los rostros que se han ido?
I.P.

Luna
tan fácil que te tocó todo
tan iluminada tu
tan arriba de las cabezas
eres monedita de oro
pestaña y ojo
redonda protagonista
del escenario de la noche,
eres licor del poeta
su verso, su llanto
su locura, su encanto
Luna
tan fácil que te tocó todo
acuérdate tu de mi.

IRMA PÉREZ, La Pillis - 2014


Poema, PRESENTACION


Poema, POBREZA


Poema, EN SU LUGAR


Poema, SER POETA


Cuento, CUENTO DEL MAR

Cuento del mar

El no era pescador, pero vivía al lado del mar en una casa hecha de hojas secas y ramas de palma. No abría ventanas porque no tenía, no tenía puerta, ni luz eléctrica, ni diario, ni vecinos. Había decidido hacía muchos años, vivir lejos de las ciudades y de las multitudes. Se llamaba Antonio. Era un hombre tranquilo, puntual y cauteloso como un cangrejo. Todos los días se levantaba a atizar el fuego para calentar el café que traía sin falta cada tres meses del pueblo más cercano. Una vez la taza en sus manos, y el corazón en el mar, se sentaba a esperar la salida del sol. Esto era para él, el momento más importante del día. La razón del "para qué" había nacido. Un día, postrado en su estera, la escuchó por primera vez. Una suave voz a lo lejos, una voz de mujer, insinuándose hermosa, cantaba una melodía en tonos bajos, poco audible, pero dulce y serena. Era inevitable no buscarla, acercarse y ver de dónde provenía. No daba con ella por más que caminaba y caminaba con los oídos atentos y los ojos escudriñándolo todo. Así pasaron varios días hasta que desistió. Pero un día, mientras servía su café, de espaldas al mar, sintió de nuevo aquella voz. Esta vez, muy cerca como un susurro al oído. Entre la sorpresa y el espanto, cayó sentado al lado del fuego mientras espabilaba sus ojos para enfocar la imagen. Una enorme luz, una claridad, un rayo agradable, le hicieron verlo todo como un horizonte nuevo. Frente a él, brillaba una figura estilizada y larga con piel de pez fantástico y cabellos de oro, todo brillaba en esa mujer, sus ojos, sus dientes, sus mejillas salpicadas con escarcha marina, sus manos blancas e iluminadas como estrellas. Era un cuerpo de mujer lleno de sensualidad, sus curvas terminaban justo en las rodillas que tenía juntas; de ese punto se formaba una aleta que completaba su increíble figura. Se miraron un breve momento, ella cantó, él cerró los ojos, imaginando que tal vez se trataba de un ángel del mar. Nada volvió a ser igual para Antonio. Ella desaparece. Aquella voz había llenado su ser y le había dejado en el corazón del alma un gozo indescriptible. La llamaría Iris, como el arco Iris que sale después que ella desaparece. Esperarla se convirtió para él en la razón de ser. No había nada en la vida, ni siquiera la salida del sol, que importara más que su sirena. Pero ella no estaba siempre, sólo aparecía cuando Antonio pensaba en sus días remotos. Antonio comenzó a dejar sus labores, un abuso de soledad le fue achacando el cuerpo. No comía y dormía muy poco. Siempre esperando. De vez en cuando creía escucharla y corría a llamarla. Sabía que ella le escuchaba y siempre le contestaba. Pasó el tiempo. Antonio y la sirena vivieron amaneceres en medio de la locura del placer. Día tras día se fundían en ese encuentro, de pez y ciudad, de branquias y boca, de agua salada y viento tibio. Dicen que un día les vieron alrededor del fuego bebiendo café. Dicen, los que pasan por aquella playa, que Antonio aprendió a nadar sin mojarse y que la sirena, Iris, cansada de estar sola, lo dejó ahogar.

Irma Perez (Colombia)


Hubo una vez un mundo
amarillo y naranja 
como saludable jugo de naranja
de rosas rojas 
como boca besada mucho
de césped verde 
como la espalda de la tarde
de cielo azul, azul, azul
de granos ocre
como ojos de trigales
de marrones frescos
como el cuerpo amado amando
de nubes rosa
y grises nubes
como letras urgentes
de poeta.
Hubo un mundo así
¡de colores!
de padres e hijos de colores
de amores de colores
y coloridas amistades
es cierto eso, ¡es verdad!
pero hoy
nadie cree esa historia
no la creen
quizá porque eso
es más fácil que soñarla...
Pero, mi amor
tu y yo sabemos
que en realidad
ha sido posible un mundo así
y repetidas veces
y que aún si todo fuera
en blanco y negro
hay amores que han sido, que son
como el nuestro
la más contundente evidencia
de que todo lo digo
es cierto.

IRMA PEREZ, La Pillis - 2014


Un día te levantas 
y eres una gota
sólo una gota
sin extremidades 
sin órganos
sin sentidos
con la piel tan delgada
y la existencia tan frágil
que no hay lugar
ni tiempo en el mundo
en dónde estar a salvo
de la vulnerabilidad
de desintegrarte
por completo.

IRMA PEREZ, La Pillis - 2014


De vez en cuando 
le digo a mi niña
que no llore
y, la verdad
no se porqué lo hago.
De vez en cuando
me da vergüenza
tanta ignorancia de mi.

IRMA PÉREZ, La Pillis - 2014

Poema, ULTIMA ESTACION


Poema, DE RODILLAS