Irma Pérez Escorcia

LA PILLIS

IRMA PÉREZ ESCORCIA

BIENVENIDOS

Este es un rincón donde las emociones encuentran palabras, donde el alma se expresa sin máscaras y cada verso es un latido compartido.

Gracias por entrar a este, mi Universo Poético.

DEL AMARILLO-DICHA


Hay una ventanita por la que miro al mundo,
ese espectro inabarcable en donde pongo los sentidos
para explicarme el canto del gallo cada día
esta ventanita es
el ojo de cristal por el que veo y me dejo ver
afuera hay un pedazo del rostro del mundo que no sonríe
porque le falta un pulmón y le sobran amputaciones
pero también,
hay vastos lotes de amarillo-dicha en unos cuantos
enormes girasoles
que son como esplendorosos soles míos
inextinguibles y permanentes
adentro, estoy yo,
buscando sonreír cada minuto siguiente
con mi luz prendida, permanente e inextinguible
dicen que los girasoles
van girando su rutina de cara al sol,
y yo, yo no giro en el encierro,
yo tengo plumas,
y soy friolenta,
y por eso la vista,
y por eso la ventana
sé que a veces no logro ser del sol
ni uno sólo de sus tonos rubios, no obstante,
siempre hay un girasol o tres que, sabiendo esto,
encuentro siempre, invariablemente, de cara a mí.

IRMA P. 




SENTIPENSANDO

Tu mirada de adulto nunca es comparable con la de un niño o la de una niña, puesto que desde dos puntos de vista extremos -el tuyo y el de ellos- se producen los acotencimientos y así mismo, se realiza el intercambio de las cosas más sencillas y más complicadas de la vida. Hay, sin embargo, un punto medio de encuentro y bienestar, una intersección de compañía y reconciliación, un lenguaje sin términos ni terminología, un gesto mágico sin fantasía, un potencializador de confianza y alegría, un encuentro sin distancia de por vida, una enseñanza vital y poderosa: EL ABRAZO.

I.P.

UN CORCEL


Un caballo negro me galopa el pensamiento,
sus cascos golpean desordenados
levantando polvo y ruido
como retando a la cordura y
a la quietud del alma

un caballo blanco me lleva parsimonioso y firme
entre la espesura de la incertidumbre,
amortiguando el peso y el paso
como aceptando el camino y
al caballo negro que también soy.

Si tuviera que elegir entre uno y otro,
no sería al más veloz ni al más corpulento,
ni siquiera al más imponente
o al más fino;
yo necesito uno
de pecho ancho y piernas ligeras,
un corcel sin amo, amado,
uno
con los dos colores del equilibrio.

IRMA P.





VIRTUOSO

 He visto la pura belleza en ese hombre que, ciertamente,

no es el glorioso David de Miguel Ángel;
ya quisiera el Arte, en su magnánima expresión,
haberlo escrito con la mano poética de Wilde o
haberlo recogido en las delicadas partituras de Einaudi o,
en un vuelo de danza clásica,
superarlo con las piernas de un Baryshnikov en su mejor salto
pero esa no es la belleza de lo incomparable que me ocupa,
la que traduce el concepto de mi llenura emocional
tan pobre de expresión y de palabras ahora
a veces dudo de que ese hombre quepa dentro de
los conceptos terrenales que explican lo grandioso y
lo bello y lo espléndido,
de tan amoroso que es
nadie me lo creerá,
pensarán que exagero,
que padezco la ceguera e idiotez del enamoramiento
pero yo lo he visto,
con el corazón lo he visto y con los ojos lo he sentido;
lo conozco y reconozco:
la pura belleza del imperfecto humano,
renombrándose sin orgullo en sus conquistas más nobles;
entregándose al reto, al amor, al adagio;
desprendiéndose continuamente, como el frágil arácnido,
de sus inservibles caparazones;
encaminándose insistente hacia el puerto de sus sueños;
viéndose joven amado-amando, con la piel anciana en
la ultimísima foto de los dos
lo veo, a ese hombre;
habrán de fijarse que todavía no pronunció la palabra "amor"
pero por no caer en redundancias, repeticiones ni empalagos
-para qué mencionar que, además, tiene azules los ojos,
que sus manos son la talla de mis senos, y que también
sus hobbies me alimentan y me cuidan-
su naturaleza es multicolor, mágica y generosa;
explícita, habla por sí sola; solícita, calla ofrecida;
es perfecta en lo imperfecto, ¡pura belleza!
y, todo eso,
de tan virtuoso que él es.

IRMA P.






Por tu visita . . .




 

LA DUDA


Fuimos novios,
como esos que menciona Manzanero
que sentían mutuo amor profundo
de esos que saben
de qué manera usa el otro,
habitualmente,
la toalla para secarse
y el "con" o "sin" azúcar de su gusto para todo
de esos en los que no cabe duda en
la estrechez de sus acuerdos y sus besos,
de esos pocos que, sin dudar,
por el otro firman dos veces el papel en blanco y
sin censura ni vacilación
emiten rugidos a diario para proclamar
el uso de las libertades de ambos
de esos éramos,
hasta que llegó la dualidad,
la desventaja y ¡la duda!,
y entonces fuimos tres esquinas en
la miserable obscuridad de
una geometría egoísta en su simetría
de repente, dejaste de apostar por nosotros
y empezaste a dudar
sobre cerrar la puerta por donde
entraba frío y salías tú,
cambiaste la mirada y la ocultaste de mí
durante una cuarentena y un día más
la ambivalencia bifurcó el vínculo y,
eso opuesto que yo representaba para ti,
lo archivaste rotulándolo "en duda"
sin duda, en ebriedad emocional te debatías
"de este a oeste", de "esta o-esta" y
pausaste todo de mí
mientras yo corría dolores de tí
así tu mirada fue la duda que mató la canción,
así la indecisión y la flaqueza
te humillaron frente a mis ojos,
al tiempo que yo empecé a rogar, sin ninguna duda,
que por favor, al final,
no me eligieras a mí.

Irma P.


 "Perder el año", por ejemplo, es estar cursando la carrera de la vida y, en plena adultez, reprobar Humanidades por vacíos inexcusables en la asignatura Humildad. Sin duda hay otras materias importantes y determinantes, pero esta podría ser la más exigente sobretodo para quien, desde un principio, no consiguió acercarse a la esencia de esa materia y pues, esa fila es larga y se reinicia constantemente. Aprendizaje. Llegar a ser adulto con el convencimiento de que lo de uno es "lo más", "lo mejor", "'lo definitivo" y "lo cierto", sentencia a un lamentable retroceso en la existencia que es casi imperceptible de notar pero sucede; como un "volver a empezar", un "comenzar todo de nuevo". Tal como ocurre con las reglas de algunos juegos de mesa y otros, sabes? Pasa que en ellos, claro está, no es la vida lo que se juega.

Lo que digo no garantiza que yo misma apruebe y salga titulada de esta vida; quizá me ayude, creo, el haber intentado dejar escrito lo que podría ser un pensamiento libre de utilidad para ti y para mí.
I.P.


En algún poema te encontrarás un día, y ese será un lugar para tí, a donde volver siempre.

CON MI PLUMA

Escribí versos, escribí cantos,  escribí denuncias, testimonios,  desvaríos y romances.  Escribí "colmena" como la abeja obrera  y...