Irma Pérez Escorcia

LA PILLIS

IRMA PÉREZ ESCORCIA

BIENVENIDOS

Este es un rincón donde las emociones encuentran palabras, donde el alma se expresa sin máscaras y cada verso es un latido compartido.

Gracias por entrar a este, mi Universo Poético.

 A PROPÓSITO DEL DÍA DEL ESCRITOR,  DE LA ESCRITORA Y DE LA ESCRITURA 


En todas partes del mundo hay uno, en todos los lugares una persona apretando un lápiz, tecleando ideas, anotando sueños. Allí, en el barrio, en la oficina, en el campo, detrás de unas gafas cualquiera. 

Ellos quizá hablen poco, quizá se la pasen mucho tiempo a solas, tal vez parezca que están ahí y ¡están!, pero sólo físicamente; quizás están soñando con los ojos abiertos o bien inventando los detalles de una historia; así como hay otros que sólo escriben de lo que van viviendo o de lo que están buscando o bien, de lo que no saben, para saber. Quizá es ése que escribe y escribe y no para, porque el punto final -impredecible- es lo único que detiene las palabras -plumas- de perderse o irse con el viento. También está el del "bestseller", el que prefiere el anonimato, el que no ha podido publicar nunca, el que viaja para escribir y el que escribe para vivir. El que sólo escribe. 


En todas partes del mundo hay uno, un ESCRITOR. Qué bien. Ellos son los que hacen posible los diálogos universales porque pueden ponerle tono, tiempo y voz a todos los seres vivos y al entorno natural que, de mudo no tiene nada. En realidad, pueden poner lo que les de la gana, porque ellos habitan en la periferia y en el centro de lo imaginario, en donde encuentran un mundo paralelo que crear. Pero así también, son ellos los que han entregado su existencia y dado su vida, con tal de decir y contar, sin un ápice de falsedad o mentira, de miedo o cobardía, "por dónde es que viene y va el agua que pasa por el río".


Los Escritores, maestros imprescindibles, como los niños recién nacidos o como los ancianos felices. Aunque a veces se enredan, se cansan o se demoran cargando "todo el llavero", siempre logran abrir todas las puertas de la vida real pues las consideran todas, todas imaginarias. 


Y así, al que más y al que menos haya escrito un texto, un renglón, un párrafo o un verso para otros, para tí, para mí, HOY se reconoce la importancia de su oficio, el propósito de su misión y la razón de ser de su vocación. Se le agradece. Se le lee. 


A todos ellos, ellas, eslabones contiguos mano a mano, cómplices de la provocación del pestañeo y la salvaguardia de la causa y el efecto de este oficio, 

¡FELICIDAD, GRATITUD Y LETRAS! 

🖋️🤍🎈


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SENTIPENSANDO - Lamparitas

 

Al nacer, todos llegamos con una lamparita encendida. Es nuestro deber y nuestro derecho mantenerla así durante todo el trayecto de la vida y mientras caminamos hacia nuestro horizonte particular pues, calor, fuego y luz son las tres cosas fundamentales que necesitamos para acompañar la existencia. 

Calor: la justa medida del amor que procura, privilegia y preserva la calidad y calidez de todas las cosas que armonizan y equilibran la vida.

Fuego: la justa medida de apasionamiento y entusiasmo que todo lo mueve, lo potencializa, lo crea y lo reinicia. 

Luz: la perfecta medida de conciencia y sabiduría que todo lo revela, lo encausa, lo facilita y lo ilumina. 


Al nacer, todos llegamos al mundo del bien y el mal con una lamparita encendida.  Cada lamparita pertenece a uno y a un sólo ser único; pero ellas son al mundo, como los dedos a la mano. De la vida, son la vida; del ser, son el don. 

Al nacer, todos llegamos con un don. 


IRMA P.



SENTIPENSANDO - Ha muerto un árbol

Ha muerto un árbol. No era cualquier árbol. Era mi vecino. Vivía justo frente a la ventana en donde me siento a escribir todos los días. Era un compañero de diálogos e intercambios de savia, de lúdica e inspiracional belleza. Era un ser vivo majestuoso y longevo. Cayó de repente hace un par de días, como han ido cayendo otros que, como él, se cargaron de agua tras continuas lluvias que hicieron que sus raíces no encontraran tierra estable y suficiente para arraigarse y aguantar su peso. Qué pena se siente ver la caída de un gigante; de un gigante desinteresado y generoso.

Ahora me pregunto sobre lo que sigue para él, ¿qué pensarán los guardabosques y la industria maderera cuando lo vean ahí tirado? Enorme él con su larguísimo y robusto tronco tendido y dispuesto a ser retirado en pedazos, en pedacitos. 

Pero, yo quiero ir más allá del evento, del mueble o la pieza de madera en la que lo convertirán. Los árboles originalmente son seres vivos. Las industrias, todas ellas movidas por seres vivos. Nosotros, seres vivos que lloramos a nuestros muertos. ¿Llorarán los árboles a sus similares cuando éstos caen definitivamente al suelo? ¿Le harán duelo? ¿Le temerán al momento de su turno? ¿Notarán ellos sus ausencias? Todo esto, absurdos de preguntas que se me ocurren a sabiendas de que jamás rebotarán respuestas comprobables o ciertas. Qué tontería la mía ahondar en estas cosas; todos los días se cae o hacen caer un árbol por ahí. Hay asuntos más importantes en qué pensar, en qué ocuparse, dirán. 

Y sí, qué necedad cuestionarse sobre el comportamiento de la naturaleza si tantas veces, ella solita, se ha explicado por sí misma; es maestra, sin academia y sin retórica; ejemplar en su constancia, consistencia, entrega y puntualidad; contundente y sabia al enseñar que ningún ser vivo es paisaje mientras ocupa un espacio y respira. 

Ha muerto un árbol. No era cualquier árbol. Era un digno galán de una exuberante arboleda que ahora, desde mi ventana, se ve incompleta; danzaba, cantaba, me daba ideas, limpiaba el aire y guardaba nidos. De buena madera era.

I.P.




En algún poema te encontrarás un día, y ese será un lugar para tí, a donde volver siempre.

CON MI PLUMA

Escribí versos, escribí cantos,  escribí denuncias, testimonios,  desvaríos y romances.  Escribí "colmena" como la abeja obrera  y...