Irma Pérez Escorcia

LA PILLIS

IRMA PÉREZ ESCORCIA

BIENVENIDOS

Este es un rincón donde las emociones encuentran palabras, donde el alma se expresa sin máscaras y cada verso es un latido compartido.

Gracias por entrar a este universo poético.

DEL CREER EN LO QUE SE QUIERA CREER - Sentipensando

El que quiera creer, que crea; y que crea, en lo que quiera creer. 

Creer, con convicción profunda, como se cree que el agua es el insustituible elemento vital, que el sol es el magno astro de luz que incansable y constante dilata el día y recibe con ojos cerrados a la noche; creer, como se cree que el "ahora" es el único tiempo vivo y disponible que tiene el halcón, el cerezo, y el hombre y la mujer que respiran. 

Llega la Semana Santa y el mundo, -sin mencionar religión o tendencia espiritual- recuerda u olvida su significado según la historia que va y la que se va contando. Desde su casa, desde su paseo, desde su biblioteca, su despensa o su misa. 

Sabemos que muchos dioses han aparecido y desaparecido con el tiempo, dioses de todo tipo y de todo estilo; en todo caso, deidades surgidas del intenso y creciente vacío existencial del que la humanidad no escapa de su hondura. Y entonces, en el anhelo de no caer en la desesperanza, los ha ido idealizando y creando, atribuyéndoles autoridad, belleza y dominio de estatura terrenal cuya permanencia, efímera, está determinada por el manoseo constante o la exagerada valoración del concepto colectivo.  

Hay un universo infinito, miles de incógnitas, innumerables escenarios, seres vivos, en guerra o en paz, como granos de arena. La vida, como un puzzel, partida y repartida en un juego impredecible entre el bien y el mal.

Qué bueno que cada quien encuentre y recueste su credibilidad en la energía que más le resuene esplendorosa y poderosa, pero esa es una búsqueda que dirige la abundancia de lo que predomina en cada corazón. El pecado -porque ha de ser pecado por dentro y fuera de cualquier religión- es andar tan apáticos y antipáticos, tan resentidos y distanciados del amor; citarlo con desprecio apasionado como si eso no fuera la mayor y peor de las condenas; no aceptar con la serenidad y seriedad que da el respeto que viene de él, que el otro no haya elegido lo mismo que uno, el mismo rito, la misma canción, la misma celebración, la misma orilla, el mismo Dios. 

Me recito: el que quiera creer, que crea; y que crea, en lo que quiera creer. 


IRMA, LaPillis

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"Toda crítica verdadera es un acto de amor".

En algún poema te encontrarás un día, y ese será un lugar para tí, a donde volver siempre.

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