Ya sé, la culpa es de uno
cuando uno no se mueve...
se sigue con frío,
se sufre el frío,
se tiembla de frío,
no alcanza la intermitente llama
demasiada cercanía al fuego
y ni siquiera quema.
tan sólo un mínimo calor
vuelve a recordar... cuánto frío
pero es que,
aquella fue una hoguera,
¡puedo jurarlo!
cuerpo, manos, ojos, voz,
todo reventó en chispas
como el big bang
y así el tibio universo
para nuestros cuatro pies de frente...
no sé porqué ahora debo moverme,
porqué la escarcha en estas palabras,
el reinado del frío...
qué me importa si la culpa es mía,
yo sigo junto a esas cenizas
segura de mi fuego
y del aire con que las atizo
así que espero,
con frío espero,
aunque haya de congelarme un día,
y aunque ese día,
ya no me encuentres aquí.
IRMA, LaPillis
2014

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