lunes, 1 de agosto de 2016

Desparramada.
La caja se abrió y cayeron desparramadas todas las fichas del rompecabezas. La imagen es tan lamentable y agotadora que de primera arrebata el entusiasmo e incluso - en confesión - diría que la fe. Parece imposible reunir media docena de fichitas para lograr una idea, un inicio, un estímulo. Hay días así, la percepción de uno mismo atravesada por la exigencia, pero al mismo tiempo desparramada, dispersa y perdida; el ser dividido en miles de pequeñas figuritas, el sujeto con los verbos boca abajo y ocultos, apilados unos encima de otros; el individuo sin lugar, como sobrante de las formas y del espacio; los hábitos de la mente incapaces de construir, de atinar, de hilvanar, mucho menos entonces, de controlar el paso de ningún hilo por el ojo de ninguna aguja. Así, la creatividad en un caos absoluto, induce a un estado de atolondramiento y parálisis que finalmente se traduce en una pasividad insoportable dentro y fuera del núcleo vital que nos dirige.
¿Pero qué pasó, porqué se fragmentó la existencia, qué pudo haber abierto la caja del “puzzle” con tal descuido y torpeza?
En la imposibilidad de advertir conscientemente todo lo que pasa alrededor y más allá, nos vamos distanciando de ciertos hechos que van sucediendo paralelos a aquellos que sí capturamos con todos los sentidos. Sin ir más lejos, cuando estamos sumergidos en un nuevo aprendizaje, es muy difícil aceptar, que antes de asumirlo - lo aprendido - éramos sin "eso" y eso bastaba. La suma de lo aprendido entonces, nos hace lo que somos ahora en su totalidad, claro, y lo que somos es precisamente, debutantes de lo que no hemos sido jamás. A veces, casi todas las veces, ni se percibe tal transformación - metamorfosis - otras, se cae de ciertas alturas para estrellarse contra el suelo, así, desparramados como fichitas uniformes sin origen ni final; esparcidos en piezas sueltas con bordes incompletos que ponen a prueba la convicción, la memoria, la persistencia y la paciencia. Un juego que inconcluso, no es aceptable, ni sano; ponerlo sobre la mesa, buscar, encajar y resolver es su única opción aconsejable, de lo contrario, ni la singularidad de la pieza tiene sentido, ni sentido singular tiene romperse la cabeza y abandonarse en un insufrible acertijo de por vida.
IRMA PEREZ, La Pillis - 2016


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