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 Siempre ha habido un poeta o una poetisa que ha dicho, ha escrito, no ha callado, ha denunciado y ha apuntado la palabra-dardo al enemigo y a la maldad del mundo. De sobra han estado los portaliras o bardos que van tejiendo redes de contención, de expresión y de motivación a ritmo de segundo en todas las sucursales donde el amor respira. 

No sigamos pensando y diciendo que la poesía sólo es dulce empalagoso de repostería, amabilidad ocasional, tema enredado. Nombre tienen todas las cosas, y todo tiene razón de ser y significado. Que si algo ha de llevarse el viento, eso no son las palabras. Las palabras siempre se quedan y si se van, regresan, vuelven sin falta desde el eco de su más afinada intención. 

La Poesía está aquí, y está para eso. 

Así vuelve y dice: 

Pasaremos por todas las emociones, 
como quien pasa los ojos por un paisaje surrealista 
desde la ventana rota de un tren 

todas las emociones 
nos llegarán perceptibles a los huesos 
y todas ellas nos mostrarán, 
ardiendo y por primera vez,
cómo ha sentido la Tierra la ausencia de la gratitud

ella, inocente e incrédula ha visto caer sus cabellos, 
uno a uno arrancados desde la epidermis
con la malicia de la garra humana;
así ha vivido la cerrada noche,
sin el arropo natural de su tibia melena, 
ni la melodía de las voces de su fauna
galopándole en el pecho, cuando desde su interior
lucha intentos por rotar el beneficio de sus estaciones 

ella, perturbada en su orden y acorralada su salud, 
clama nuevas oraciones y demanda razones ante
un colectivo atolondrado 
que ha tenido que recordar del susto y de golpe
de qué color son los tomates,
los muebles de su casa,
y el origen de la blandura del pan 

ella, privada de cielo, de agua y de tierra,
junta estrellas alrededor de su cama
para que le alumbren la soledad de su almohada
junto a otra sin arrugas 

como ella,
pasaremos por todas las emociones 
en este viaje con destino a "alguna parte",
como si fuéramos olas temperamentales 
de un sólo mar que tiembla y se reduce

a un día le seguirá la hora aterradora 
o el minuto de alivio del día nuevo,
pero todos los días pensaremos en el amor,
"entre líneas": en el amor,
"en la menuda letra": en el amor,
"de reojo" o de lejos o
 ¡de iluminados!: en el amor

porque todos los días la maligna viralidad
-desde su bondad posible-
nos recordará de qué carecemos los mortales
y cuánto nos duele la profunda fractura 
de la libertad mientras hay vida;
nos estornudará en la cara 
-en partículas invisibles- 
la oportunidad de cambiar en cualquier 
momento nuestra suerte y,
todas nuestras decisiones definitivas. 


IRMA P.


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