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Mostrando entradas de junio, 2021

UN HOMBRE ASÍ

Siempre quise un hombre intelectual que me cargara del poema a la cama un hombre comprometido con los sueños y el soñar, trascendental con lo fundamental y con las labores importantes como el arte de trenzar mi pelo o nuestras piernas un hombre de ciencia que supiera contarme la historia de su geografía y enseñarme la ecuación del amor sin mucha matemática siempre quise un hombre intelectual apasionado del beso, un amante que me ilustrara con la maestría de Eros sobre la alegría del cuerpo y la felicidad de dos almas un erudito de los efectos de la cortesía de la risa, del buen humor, del contacto visual y del afecto, un maestro del abecedario de la ternura quise siempre un hombre sin misterios, culto y cultivado en el amor; arrullo, fueguito, menta, entraña, oda, pompa siempre quise un hombre fresco y aromático, es decir, generoso con su esencia y su fragancia, perfumado en sus pliegues de luces y sombras como lluvioso bálsamo en tiempos de sequía existencial quise siempre, un sabelot...

TRAMPA

  La soledad no sabe jugar la invito a menudo porque me divierto con ella; me deja, pero no sabe jugar es tramposa: era mi turno y no pude moverme; en el juego no se vale agarrar. IRMA P.
  No es aparente ni extraño, todo el mundo-mundial está viviendo la misma historia social y política. Insatisfechos todos, nadie asume la responsabilidad de sus elegidos. Es como si un líder fuera siempre un "aparecido" sin proceso y, sus electores, siempre fueran "los otros". I.P.

DESDE EL OTRO LADO DE TU VIDA

  Desde el otro lado de tu vida todo sucede sin que te enteres el mundo es tan pequeño como el paso de tus pies pero, tan grande, como el último deseo que lanzaste al universo sin miedo lo que sucede sin que te enteres, tiene que ver con tus variaciones, con la fuerza de ese liberado deseo como el efecto mariposa, que no es un simple concepto de caos o consecuencia; ¡sucede! vibrante e indeclinable como cuando aleteo escribiendo, y tú, te despeinas leyéndome. IRMA P.
  Tan fácil señalar al otro con un dedo porque no piensa como uno, porque no vive como uno, porque es de otro lugar, porque es de otro color, porque no es de los nuestros, porque siente distinto tan difícil señalarse a uno mismo, hacerlo con todos los dedos de la mano y reconocer que el pecado no está en tales diferencias, como sí, en el propio criterio de juicio y en la falta de coraje para asumir el juicio propio. IRMA P.

CONTRASTES

Este mundo de contrastes, como giros torcidos de la mente atravesando la sanidad de la cordura por su parte más gruesa este mundo extremista, grito del caos y la desesperanza, canto revolucionario y oceánico, abuso de los antónimos del bien así este mundo, es un milagro que amanezca cuando se insiste en verlo todo en blanco y negro, aún a la sangre, aún al sol. IRMA P.
  Cuando toda la belleza física que ves en mí desaparezca, será la mirada tuya la que, desde su alcanzado concepto de belleza, te permita seguirme viendo o no. Esta es la eterna prueba universal por la que todos pasaremos; y también es la evidencia absoluta de que tú y yo somos delicados, temporales y efímeros cascarones de un fuego amoroso inextinguible. I.P.
  ¡Países del tercer mundo! ¡No os desaniméis! que el desarrollo también lo ha demostrado: cuánto más alta la torre y elevada la urbe más lejos se está del centro de la tierra "El Centro de la Tierra" es un negocito con techo de palma en donde venden limonada de coco, pargo y patacón dorado, se amanece cantando y se baila pegado queda a orillas de una de las costas de Colombia. IRMA P.

GENTE

  Gente, palabra relativa, laberíntica, densa, larga y cuadrada como habitáculo de muros infinitos y silencios de rebote gente, mortales sin astro en el pecho y venas pálidas, con la generosidad enroscada y una aguda joroba en la humildad gente, masa gruesa, inerte, sosa, vasto valle de inviernos recogidos y amarrados con el zumbido más triste del asombro gente, del desamor venidos, de las heridas de los hervores de los ausentes abrazos, sirvientes y servidos por culpas heredadas de padres-gente. IRMA P.
  La culpa no es de nadie si ya no duermo como antes, esa es una discrepancia entre el tiempo y mi cuerpo que se disputan mis sueños y mi sueño obvio, a qué acuerdo podrían llegar si ellos corren a contrasentido como dos locos urgidos buscando sus soles la culpa es del tiempo, punto mi cuerpo sólo obedece a la abstinencia de ti. IRMA P.
  Doña Hipocresía es una "señora mentirota" que se exhibe en vallas y muros monumentales con vistosas luces de neón; ella está tan aceptada, asumida y empoderada que hasta parece una reina de carnaval reciente o la piadosa bendición de algún santo. De cariño se le han dado nombres distinguidos, sonados, verosímiles, y se le ha puesto a diario en el lugar de los "trending topics" y así, en todas las bocas cuyas lenguas le lamen su trasero a cambio de un beneficio unilateral, así sea rapaz, así sea fugaz. ¡Qué belleza, qué talento!, le va muy bien con la escasez de inteligencia y la pobreza emocional, y es tan exitosa sometiendo a lo real, a lo sincero y lo auténtico -sus opuestos- a la oscuridad y al falso rastro, que este pequeño texto tan comprobable y verdadero, nada tendría de raro que no se le viera como la más intencional de las ironías en su contra. I.P.
La última vez que fui al futuro no logré llegar muy lejos nadie sabe para dónde va y sin embargo, aquel lugar está lleno las paredes se levantan sobre la tierra donde antes se extendían con vitalidad otras raíces la sangre es pálida y tan espesa como fluido de agua enferma -eso se ve en los ojos, no en las pieles- hay esquinas cuyo cruce da igual, hay cruces en las esquinas hay millones de puertas idénticas con números indescifrables que son como tapas de frascos de laboratorio hay un ser humano en cada frasco de laboratorio hay un embudo estrecho, categórico, soberbio se realizan experimentos en donde se filtra luz sin sol ni luna inevitable, la mesa se seca y cae de rodillas hecha polvo, el piso cruje rabioso su tapete de vidrio y la vida llora la ausencia del manto del río ahora, que anda descalza la última vez que fui al futuro, no logré llegar ni cerca... no tengo los zapatos para ese mundo. Irma P.