Siempre quise un hombre intelectual que me cargara del poema a la cama un hombre comprometido con los sueños y el soñar, trascendental con lo fundamental y con las labores importantes como el arte de trenzar mi pelo o nuestras piernas un hombre de ciencia que supiera contarme la historia de su geografía y enseñarme la ecuación del amor sin mucha matemática siempre quise un hombre intelectual apasionado del beso, un amante que me ilustrara con la maestría de Eros sobre la alegría del cuerpo y la felicidad de dos almas un erudito de los efectos de la cortesía de la risa, del buen humor, del contacto visual y del afecto, un maestro del abecedario de la ternura quise siempre un hombre sin misterios, culto y cultivado en el amor; arrullo, fueguito, menta, entraña, oda, pompa siempre quise un hombre fresco y aromático, es decir, generoso con su esencia y su fragancia, perfumado en sus pliegues de luces y sombras como lluvioso bálsamo en tiempos de sequía existencial quise siempre, un sabelot...