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Mostrando entradas de agosto, 2024

SENTIPENSANDO - De "los Narcisos"

  Si no queremos bonito al Ser único que somos, terminaremos siendo como esos bajitos de estima que se la pasan mirándose en su propio reflejo de agua para no sentirse solos, para no verse solos, para no saberse solos. Como "los  Narcisos", confundidos ególatras por castigo -pobres al fin- siempre necesitando en exceso para poder sobrevivir la profunda soledad que les habita, por la absoluta desproporción del amor que carecen. I.P.

DEL TIEMPO PERDIDO

  En la prisa por el espanto  del tiempo perdido, la muerte afila su sonrisa sin ser vista nadie la vé porque todos corren, no corren de ella, corren de ellos van mutilando los brazos del día y la noche se acuesta en el piso con hambre hacen ruido, filas, reglas, el espacio es el oro por el que se tumban las cabezas la masa está cruda y,  el horno, ya perdió su fuerza. IRMA P. 

SENTIPENSANDO - De la libertad propia

- Y, ¿para dónde va Vicente? - Para donde va la gente. - Pobre Vicente; siempre haciendo lo mismo. Si tan sólo pudiera soltarse los tobillos de sus grilletes mentales podría darse cuenta de que, al abandonar la consideración de su propio criterio y voluntad, está reduciendo su propia existencia a un espacio minúsculo en donde poner un pie delante del otro para caminar no es posible; eso se llama sometimiento y su consecuencia es, la humillación del derecho a la libertad propia. I.P.
Caída monumental, vértigo y espasmo; toda la fuerza sublevada, todo el peso liberado sólo desbocándose sobrevive una catarata, toda su transparencia se lo debe a ello. IRMA P.

DE ESOS SILENCIOS

Me enfermo del peor de los silencios, soporto su escalofrío y todos sus calambres  frente  a  los ojos que se confunden  con el  rosado de mis mejillas afiebradas no es mentira  si no lloro, si me levanto un poco y camino, si me quedo mirando cuando nada miro  o,  si no me quejo y sonrío me enfermo de estas aguas  que no fluyen, de saber del lujo que es para mí la espera, que cada vez que respiro… duele, que me duele la tarde cada vez que termina  y  me duele demasiado  la soledad de mi cuerpo pero no, no moriré por esto, aunque esta sea la estancia más oscura  y  la última instancia de este sueño sólo estoy enferma del peor de los silencios, presintiendo el no retorno del deseo y  ya casi, sintiéndome sobreviviente absoluta de ti. IRMA P. 
Hay días en que uno se levanta alebrestado, con la indignación sin piel y expuesta. Así, como soldado en ayunas de motivo, causa y principio para aguantarse-mamarse-bancarse un uniforme que no merece su capacidad de aguante. Hay días así.  IRMA P.  

LA HORA DEL LIMBO

  Esos estados inmersos en el sin saber, ese lugar  donde  la pesada incertidumbre  te  empuja al fondo del pozo  como  cuerpo de pluma con pies de piedra,  por horas,  por días, respirando sin pulmones todo parece haberse  detenido en  el borde inferior  de la esquina de esta página, justo en el renglón que dice: “y deberás empezar de nuevo y  de nuevo, y una vez más,  y así sabrás que…” entonces,  quedas como estás,  sin estar, ni en lo caliente, ni en lo frio, parecido a un reloj detenido  en  la muñeca del limbo donde el tiempo en espera se reprime pero,  eso es falso, porque la vida se las sabe todas: pasa y te saluda -paralela-, te alza una mano y se despide  mientras tú le miras  y sólo sabes  que  sigues inmerso, inmóvil, en algo así como... la nada. IRMA P. 
  Y así me voy desapareciendo enfrente  de tus ojos sordos,  de tu voz que no respira, de tus oídos ciegos,  de tus manos que no caminan, de tus pies sin latido, de tu corazón que no corre, de todo revés de tu cuerpo que es...  la piel imposible  que más he besado. IRMA P.