Cómo se le ocurre retratarme a mí, si es que, segurito, la que no ve bien soy yo ¿acaso, qué es lo que sumercé ha visto? será alguna tristeza de esas que no aguanta más pena o, que le llame la atención esta mirada que ya no escondo porque de eso, de pura pena cuando me vaya, me iré bien llena. Nunca tuve vergüenza y menos ahora, sólo me vi a mi misma en los espejos del agua, nunca vi arrugas, nunca vi canas, y de la cicatriz y el callo he vivido acostumbrada. Cómo es que me mira y se detiene; qué le puede decir esta mirada si acaso, el nuevo rostro de la vida cotidiana y todos los años juntos en el cansado gesto de una anciana resignada. ¿Pero sabe? lo he pensado, ahora no quiero que pase de largo; le voy a proponer un trato un trato de una mujer del campo: tome su foto y déjeme invitarlo, yo le preparo un café y mientras, conversamos, y sumercé luego me lleva en ese humilde retrato lo más lejos que pueda d...