Se vino contra mi pecho aquel pájaro morado. Clavó su pico en mi corazón y de inmediato quedó allí, entumecido, muerto. Yo no le miraba, tenía miedo de hacerlo. Mis ojos al frente, levantando al máximo la quijada para no verle ni un poco.
Como si fuera un mal de ojo, un maleficio o por agüero, sabía que nadie me ayudaría a arrancarlo por temor a morir; sin embargo, "alguien", sí sabía qué hacer.
Con la confianza y tranquilidad que da una sonrisa espontánea y serena, me aseguró la existencia de tres soluciones. De repente, me dijo: "Puedo hacer esto, así..." y arrancó de mi corazón y de un tajo al pájaro muerto. "Pero, lo más importante", enfatizó, "es realizar un cierre dorado"...
Sin bajar mis ojos a mirarlo, tuve la certeza de tener un huequito de luz abierto en mi pecho, un huequito de luz, esperando...
IRMA, La Pillis - 2016
(Sueño que tuve un día como hoy, hace un año)

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