En la prisa por el espanto del tiempo perdido, la muerte afila su sonrisa sin ser vista nadie la ve porque todos corren, no corren de ella, corren de ellos van mutilando los brazos del día, y la noche se acuesta en el piso con hambre hacen ruido, filas, reglas, el espacio es el oro por el que se tumban las cabezas la masa está cruda y, el horno, ya perdió su fuerza. IRMA PÉREZ, La Pillis - 2016