cuando ya mis pies
no encontraron más la tierra firme
qué iba yo saber volar,
saber alguna cosa
si acaso, "algo":
el peso descomunal de
mi cuerpo precipitado,
ausente de conciencia
cayendo en los brazos de la nada
ha pasado un tiempo infinito;
sin duda se han secado mis mejillas y
mi cabello, ahora, es largo como
plumero de pavo real
entre claros y oscuros
se fue quedando la espera y
no sé en qué momento
dejó de importarme el miedo o
en qué segundo dejé de temblar
pero, tampoco sé qué día fue ése,
en que comencé a ser parte
de los pájaros que hacen del vacío
su mejor cielo
para emigrar al sol.
IRMA, LaPillis

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