Lo sé, cada uno de mis actos, es decir, de mis pasos, han sido imborrables huellas únicas en la arena del tiempo acuso que todos los firmé sin discriminación, sin trampa y sin malicia, aunque no siempre con la misma firmeza hay evidencias de negligencia, duda y temor, que hicieron ampollas y luego, heridas no fue fácil perdonar, ni perdonarme ahora lo sé, la vida es una playa imprevisible de incontables huellas en donde acosa el viento al polvillo de arena, y se mete en los ojos y no deja ver, y entre todos los pliegues y no deja caminar pero, uno también es dueño de sus orillas, el lugar a donde llega y se retira la espuma que va lavando los pies y borrando esas huellas allí, en donde siempre se sabe que la suciedad de los ojos se limpia, llorándolos. IRMA P. - 2014