domingo, 31 de julio de 2016

Eso tenemos los seres humanos, que nos cansamos de todo, nos aburrimos de lo que alguna vez significó mucho más que algo, quizá todo en su momento.
Como ahora, de la rosa. Si, la rosa (piensa en otra cosa), pero no, la rosa, la insignificante rosa. Vista repetitivamente tantas veces, tantas, como imágenes suyas ya usamos para todo. El desgaste visual es total, al extremo de invisibilizarla. Ahora la sustituimos por la imagen de turno o por el icono de moda, como una manera desesperada de salir de la saturación. Su bondad es imperceptible y también su apariencia; invisible ahora como el amor, como todo: el cuadro, la luz, la voz, la argolla, la empleada, el libro, la calle, su pelo, el perro, el botón, el balcón, sus ojos, el agua, el color del cielo -  ¿hoy cómo está? -  Cansones nosotros que de todo hacemos rutina y formato y luego queja. 
Hay que romper los moldes. La vida no es una sucesión de días uniformados y, esta rosa, esta, nunca la habíamos visto antes.

IRMA PÉREZ, La Pillis - 2013

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