cada vez que un segundo pasa
y taja el lápiz por lo gastado
somos muy distintos,
y quiero decir tu y yo,
y quiero decir todo y todos
distinto el pulso de tu risa,
distinto el borde de tu imaginación,
distinto el color de tu sed,
distinto el ruido de tu silencio
somos tan distintos
desde el trazo que dejó el talón
hasta el horizonte que aún no se dibuja
tan diferente el tic tac del deseo
y la danza que alista el lápiz en la mano,
la mano...
la mano que, tras aparentes coincidencias,
en este poema
sólo habla del imposible parecido
que tiene un jardín
y otro jardín con otro.
IRMA, LaPillis
2016

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