Café, los ojos del café,
la sonrosada piel tostada
sonríe con su boca roja
desde el maduro y excitado cafetal
las manos recogen los besos,
los granos de besos
que piden sol y molienda
cálidos vapores exhalan el aroma
seduciendo, inevitable, los sentidos que
recuerdan el dulce amargo
y el reconfortante estímulo,
el agua crece en la boca
mientras el gusto se broncea
uno pasa saliva, la lengua se saborea
y dos o más se beben el encuentro
entre el abrazo de ramas
y de amores morenos.
IRMA, LaPillis

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