Irma Pérez Escorcia

LA PILLIS

IRMA PÉREZ ESCORCIA

BIENVENIDOS

Este es un rincón donde las emociones encuentran palabras, donde el alma se expresa sin máscaras y cada verso es un latido compartido.

Gracias por entrar a este universo poético.

UN SONIDO DE CHICHARRA

 




















Hay una parte de su historia
que el hombre no cuenta nunca,
porque si lo hiciera,
todos sus silencios
se convertirían en chicharras.
Dicen que las chicharras
mueren con el estruendo
de su propio sonido.

IRMA, LaPillis

EN-VEJEZ-SER




Aquello que vemos como el fin de la lozanía,
del ímpetu y majestad del hueso, la sangre y la piel,
conlleva una algarabía silenciosa y
una infantil ilusión amansada en su interior;
el intangible anhelo con que avivamos
la continua sucesión del hilo que cose,
apasionado y fino,
el ajuar de las edades del tiempo
eso es,
un avistamiento sin distancia
a los saldos a favor y en contra,
que desde la privilegiada condición
de "ser vivo" en tránsito y en constante patrullaje
de razonamientos, sentimientos y sentidos,
eventualmente nos ubica
-tras una vida de tenaz sobrevuelo,
dentro de un mundo subacuático
de cíclicas mareas terrenales-,
a un escalón -de paso grande- por encima
de las preguntas que nos hicimos tantas veces
sobre el acierto de los derroteros,
la consecuencia de las primeras veces y
el sentido vital de todo
eso es,
el punto de madurez que, en-vejez-siendo,
conserva rejuvenecida la intención de movilidad
y de deseo y de más;
que detalla perfecto el trazo que dibujamos en
el tablero del tiempo
y la huella del mordisco que dimos por gula,
hambre o saciedad
eso es,
la sustancia activa que permanece, es decir,
la protagonista de la reciprocidad del amor
eso es,
la evidencia propia y explícita
de los aciertos categóricos
que no ofendieron flora y fauna,
pero también, de los errores que, reincidentes,
humillaron la cortesía de
las ternuras y tesituras de la especie
eso es,
la altura a la que llevamos, en justo relevo,
la antorcha palpitante
de nuestros presentes antepasados;
la oportunidad de ser ojos de otoño
anunciando ascensos de primaveras y,
desde aquel anhelo de ocre sabiduría arcillosa,
prever un invierno de fuego continuado
que atenúe el sobrepeso del frío y
la hipertensión de los estragos
eso es,
la gran finalidad de un principio y,
el principio de la finalidad;
la tangible lozanía, ímpetu y majestad
del primerísimo respiro a la vida
-sostenido en notas de aire de cortos nombres
con la duración de un aplauso-
hasta el término de gracia
de la precisada completitud.

IRMA, LaPillis



PARIDAD


Ojalá que el olvido de mí
te llegue mucho antes que la indiferencia
y entonces,
ojalá que mi indiferencia llegue puntual,
justo antes de tu olvido.
Todo, ojalá, sí;
como quien espera que no suceda
la mordida profunda
del inminente adiós impar.
IRMA P.





DUALIDAD

 
















De todo, la dualidad es
lo que más me aprieta el cuello
mantener esa soga
suelta, aislada,
lejos del contacto de mi piel,
me ha costado el tiempo
y el lugar
que no me he dado nunca
como aquel globo existencial
de: “ser o no ser”
que siempre bifurca la certeza.

IRMA, LaPillis

SENTIPENSANDO

 

Luego de algunas leturas, se asomó a mi mente la siguiente afirmación: "En realidad, pocas mujeres empatizan con sus iguales y se apoyan entre sí"; entonces, de mujer a mujer, me hice la pregunta a mí misma: ¿Lo haces tú? Y la respuesta se dejó sentir como un golpe agudo en el dedo pequeño del pie; imagínese.
Con ese dolor escribo ahora, lo que me corresponde.
IRMA P.



¿POR QUÉ LOS POETAS “REGALAN” SU POESÍA?

 


No es que me haya sentado a pensar en la pregunta. Ni siquiera se me pasaba por la mente el preguntar alguna cosa. Fue de repente, sin más y sin menos palabras. Debo confesar que luego de postearla, me quedé con la mirada fija en un “blanco”, divagando mi propia respuesta y sin mucha expectativa, sobre la reacción general frente a tal pregunta. “Qué bueno saber qué piensan todos…”, pensé. En cuanto a mí, me esculqué un poco la consciencia, la voluntad, la expectativa, la memoria, la motivación y el ánimo, y no encontré el fondo ni la forma para una respuesta concreta, mucho menos concluyente. Como sea, me parece que está bien airear de vez en cuando, lo que reposa encogido y sin luz.

Pero bueno, retomemos: ¿Por qué los poetas “regalan” su poesía?
¿Para qué más es?, me respondo con la pregunta y voy más allá:
Desde mi experiencia personal, no me cabe la menor duda, de que escribir es un verbo cuya realización sólo tiene sentido si cumple con su finalidad de emisión y comunicación. Particularmente, creo que la poesía es un género literario que busca cubrir del frío existencial al ser humano. Ella es un acompañante liberador y revelador, un facilitador que camina paralelo al acontecer diario, que sabe moverse entre el contraste de los tiempos y los enfoques, y que también sabe “respirar” dentro de cada elemento sin alterar su esencia y su propósito. A pesar de eso, todos sabemos que ella no siempre es bien recibida, no siempre se comprende, no siempre se acepta, no siempre se acomoda y no siempre gusta. Como todo. De ahí que, hay tantos estilos y formas de decir, como brochazos gruesos y delgados hay en la colección del arte universal.
Por otra parte, creo que escribir poesía no es como patear un balón o mascar chicle. No es tampoco el más elevado de los oficios, aunque tan relativo es decirlo, como que el lector se imagine hasta dónde se llega cuando se busca más allá de lo visible y de lo palpable; sin embargo, por su trascendencia existencial, espiritual y emocional, me parece que si algo demandara la poesía, sería un lugar en el corazón del hombre, una mirada abierta y respetuosa; una oportunidad de espacios sin tanto ruido; libertad conjugada en todas sus formas posibles, amplitud en la receptividad, desarme y justa estima.
Si bien uno puede quedarse con su poesía guardada en un cajón, por la razón que sea, me parece que hacerlo en estos tiempos donde lo que se quiera leer y publicar está a un clic, tiene que ver con la personalidad de quien escribe y sus propios intereses. Muy respetable.
Como dijo alguno por ahí, “De todo hay en la viña del Señor”. Pero, en cuanto a mí, yo sí he “regalado” mi poesía -que no es poca- una y otra vez. La he visto irse, dejarse llevar, consolar, animar; la he visto revolver y remover; la he visto contestar, compartirse; la he encontrado en otros ojos, escuchado en otra voz, en alguna historia, en otro idioma, en otro tiempo.
Esta labor como muchas otras, requiere de vocación principalmente, pero también de disposición, responsabilidad, dedicación, entusiasmo, tiempo, entrega y más. Y creo que, si hubiere lugar a una retribución económica como motivación prioritaria, el próximo poema a escribir perdería la “limpieza” que exige su esencia; además, creo que la inspiración estaría permeada por un interés malsano y perjudicial, una influencia externa muy contraria al ideal de libertad y pureza que requiere el sagrado y auténtico ejercicio de escribir. Y lo que es más trágico aún, acabaría siendo representada por un pedazo de moneda que jamás podría cubrir el incalculable y único valor ético y estético que la Poesía tiene.
Ah!, si con la poesía se consiguiera dinero, cuántas cosas habría conseguido yo. Entre otras, como el poder abrazar personalmente y conocer a todas esas personas que a lo largo y ancho de la geografía del mundo me han regalado su tiempo, sus palabras, sus emociones, sus “si” y sus “no” y todas esas cosas maravillosas que se reciben gracias a una honesta y espontánea correspondencia de doble vía. Eso, “retroalimentación divina” le llamo yo, la que considero hoy en día, como la representación de una parte importante y no negociable de mi riqueza personal.
Otra cosa es recoger lo escrito, ponerlo en un libro con portada y título, y letras en tinta y papel con nombre propio. Otra cosa es revisarlo prolijamente, corregirlo una y otra vez, diseñarlo, detallarlo, gestionar su publicación, esperarlo, recibirlo, promocionarlo y venderlo. ¡Venderlo! eso es otra cosa, ¿verdad?
Por salud, por si las dudas, por amor y, por favor, LEAN POESÍA.


IRMA, LaPillis





HORIZONTAL



Quiero liso el pavimento
donde pondré el pie
que se adelanta
que ningún bache en el camino
se quede abierto como evidencia de vergüenza,
de abandono o cobardías
quiero llano el camino
de subida o de bajada,
a lo ancho y a lo largo de
las rutas que diseñan el mapa
que
hemos escogido
sin arrugas
el trayecto a andar;
negro, sólo el turno de la noche;
techos azules de algodones rosa;
bordes de frutos rojos sin
plaga de promesas declinadas
o ideas obsoletas de pecado
quiero esta ruta abierta,
horizontal,
cause y causa del presente de los actos,
periplo sin equipaje de rocas;
sin permiso el sol,
sin visa la lluvia
el amor
como único aviso preventivo;
luz que preceda al cambio y a la sorpresa,
claridad que alumbre la oscura calle,
el punto de partida y de llegada a
la vereda de tus brazos o,
a la curva más cerrada de tu beso.

IRMA P.



MADRE - Sentipensando

  








Biológica, adoptiva...

Madre es la mujer que ama como quien cuida con dulce vehemencia una gestación al interior y por fuera de su cuerpo, todos los días y las noches del calendario, de por vida, con su vida y para siempre.

Lo gestado siempre será su espejo, será siempre su amor y la mirada devuelta que no le faltará porque, con el tiempo, se habrá invertido, naturalmente, la ternura del acunar y del abrazo.

IRMA, LaPillis

SUBLEVACIÓN

 












En qué fatalidad me encuentro
que no avanzo ni retrocedo,
a cada lado tengo un espacio tan delgado
que apenas cabe, de perfil, una hoja de papel


tengo los nervios apuntándome,
intrigantes se confabulan con el silencio
reduciéndome a una mínima sombra,
tan insignificante ella
que desaparece sin que nadie
le haya visto emerger siquiera


nada le hace justicia a mi amor, tal vez 
la sublevación logre salvarme de no declararme
cobarde,
sosa,
vencida.



IRMA, LaPillis 

En algún poema te encontrarás un día, y ese será un lugar para tí, a donde volver siempre.

UNIVERSO POÉTICO DE IRMA, LaPillis