Se puede escribir de lo que sucede en el mundo en una línea. Se puede escribir un poema debajo del agua. Se pueden contar dos y diez historias a la vez. Se puede dejar un registro de las sensaciones que marginaron la memoria de los acontecimientos importantes sin suceder, de los desapercibidos entre un bocado y otro. Escribir de los detalles en detalle o bien, del ritmo en que late y se acuesta el corazón en la noche.
Pero hay días que se van haciendo y van terminando sin voluntad ni empatía, con la molestia de un aparente desgano y de una inquieta e indescifrable renuncia o desengaño.
Hay tristezas, nostalgias, zozobras que no dejan rastro ni mancha en ningún papel, que desaparecen tras el continuo oleaje que muerde la orilla del tiempo.
Hay, también, mentiras tan ingenuas, tan creíbles, tan burlonas y tan sarcásticas como esa.
IRMA, LaPillis

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