Para aquellos que se sientan identificados, este poema va con el ritmo de mis pulsaciones quizá, màs extremas. Igual, sòlo me aproximo a lo que nunca he vivido, a lo que a través de las historias de seres amados he podido ver y sentir. Reverencia con toda mi admiración, consideración, aprecio y respeto para todos, pero especialmente para aquellos que han logrado subirse al lomo de su propio Pegaso.
Para el resto, pues nada, decirles que este es un mensaje de amor, escrito entre las líneas de un poema muy triste pero, como en la vida real lo he visto y constatado felizmente, con la firme convicción del "si es posible" y de la fuerza poderosa de la esperanza que, el rodearlos amorosamente, les ofrece.
💚
Es de noche, y de repente
cabalgo sobre un caballo desbocado,
me suda la sangre en frío
mientras recibo lengüetazos desde adentro
de los tizónes que nunca se sofocan
cabalgo sobre un caballo desbocado,
me suda la sangre en frío
mientras recibo lengüetazos desde adentro
de los tizónes que nunca se sofocan
las imágenes amables se atoran en el camino
y desaparezco del mundo y de mi,
incapaz de soportarme presente
con la velocidad que me da el fuete,
corro y corro y corro como huyendo,
buscando aquello que me sople las venas
que me encienda y que igual, me apague
vivo entonces la excitación de la oscura noche
en el fondo de un océano de espejos rotos,
como abstractos autorretratos en agonía
vivo la mentira como una planta carnívora
que sale de mi boca y que se levanta robusta
como un muro que me deja del lado de mis pérdidas,
¡oh! mis pérdidas -cuantas lágrimas por ellas-
y la insufrible soledad
al final, un ser mermado y solo se arrincona
dentro de mi agotado cuerpo,
enfermo cuerpo con la ropa sucia,
la mirada sucia y la piel del mismo color,
suplicando sueño y más sueño
para no estar en ninguna parte
es de día, y de repente
no encuentro caballo ni pies de regreso,
quizá era el tiempo cabalgando y no yo -me digo-
o quizá era yo en un espacio atemporal, brevìsimo
como un mudo e imperceptible chasquido de dedos
la memoria se oculta para no avergonzarse,
la voluntad llora su inutilidad y sumisión,
la conciencia se declara anestesiada
y niega cualquier ansia, cualquier culpa
y la vida... pero la vida...,
ah, la vida en cambio me muestra de nuevo
las otras cosas que siempre olvido, las que amo,
me hace señas, me sonríe,
me llama, me acaricia, me mira
y yo, yo entonces sin saber qué ve, qué la mueve,
me descargo sobre el piso-cama de mi dolor
y allí me dejo recoger y (¡por favor!) abrazar
en el alivio de ese amparo,
cierro el confiado abrazo
y no deseo morir jamás de otra manera
es otro momento y de repente,
cabalgo por el aire sobre mi propio Pegaso,
vuelvo a estar entre el cielo y la tierra,
sobre lo perdonable y lo perdonado,
frente a mi mirada y a otros ojos,
por encima de aquel océano de espejos rotos,
entre el amor y la pared.
IRMA, La Pillis

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