Después de ese encuentro,
nunca pude volver a ser la misma,
yo no quería ser la misma,
yo no sabía qué quería,
yo no me vi desaparecer
otra yo, empezó
a sonreírme en el espejo,
me vistió con jeans y lino,
me perfumo de hormonas y aromas
y me desnudó frente a esos ojos
cuando más ataviada de ropa estuve
un desapego a lo habitual
me cedió el tiempo para las
nuevas urgencias, es decir:
su boca,
su silencio,
su risa,
su voz,
su sí,
todos sus "te espero"
pero,
eran sus manos que,
cuando me veían,
sonreían con los dedos
las tibiezas de toda su ternura...
sí, pregúntenle a mi barriga
-sin hacerme llorar-
o ¡a mi pelo!
y resistan la respuesta
sin lagrimear un poco;
no, nunca pude
volver a ser la misma,
yo no quería ser la misma
yo quería ser esa...
esa que, tampoco soy hoy:
la que no le extrañaba,
la tocada,
la oída,
la que no imaginaba ser, un día,
un recuerdo en su memoria,
de ese encuentro.
IRMA, LaPillis

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"Toda crítica verdadera es un acto de amor".