La vida no es un cuaderno cuadriculado; que la hagamos así es otra cosa. Los espacios reducidos, encerrados, las márgenes y las monótonas líneas rectas, las hemos hecho con nuestras propias manos como método de evasión, protección y convivencia. Sí, ha hecho falta delimitarnos, eso, li-mi-tar-nos, encuadrar nuestras necesidades para no invadir el espacio del otro o para que no nos invadan que, en realidad es, lo que más nos interesa. Así que, desde ese convencimiento es que hemos encasillado la existencia por el repetitivo enclaustramiento de las emociones y la contínua negación de ellas, consecuencia ésta, claro, de creernos siempre la mayúscula del texto y los dueños de las fibras del papel. Pero, pero pero, ese es otro tema, porque a pesar de esto, se me ocurre pensar e insisto, que la vida de cada uno es una extensa hoja en blanco sin contornos, sin líneas rectas, sin puntos, sin trazos repetidos, planos y aburridos. Como un HOY limpio del día de ayer, una hoja abierta y a la espera, cada día, de que nos levantemos, estiremos mucho más que los brazos, saquemos todos los colores y la llenemos con encendida ilusión.
IRMA, LaPillis

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