Estoy al otro lado del acantilado,
no tan lejos como para no verte
a su borde le huye tu pie derecho
pero tu izquierdo, se revela suicida;
le miras de reojo,
de frente, nunca como ahora
te preguntas
por la vida,
por la muerte,
te quieres mover,
correr en reversa,
pero la serpiente se ha enroscado
y es un rastrero con raíces
le arrancas frustrado plumas a las aves
mientras ellas
sólo pasan de largo sobre tu cabeza;
ninguna finge
estás como la trémula hoja
del árbol de otoño,
como la gota que se precipita sobre
la vertical de un espejo,
como la jugada desahuciada
en un juego de "Jenga",
como la oxidada armadura del miedo,
todo, a punto de
una caída inminente y sin presagio
en los brazos firmes
de un horizonte posible.
IRMA, LaPillis

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