En sus tiempos,
la sabiduría de Cortázar dijo,
que la esperanza le pertenecía a la vida
y que con ella, se defendía para salvarse.
En mis tiempos,
la vida continúa defendiéndose,
y la esperanza sigue con su hacer tenaz
por los desanimados,
por los exhaustos y desesperados,
por los de la ilusión en fuego permanente.
En tus tiempos,
cuánto de la esperanza de ayer
te está haciendo ser hoy
un sobreviviente articulado,
un vivo testimonio de
la vasta generosidad de la resiliencia.
En todos los tiempos,
la esperanza no valida expectativas
ni es anhelo de largo aliento,
pero ella nutre de entusiasmo y confianza
a la espera que sostiene y contiene
los tiempos impredecibles de la vida.
La esperanza,
quién puede contradecir
la evidente efectividad de
su ejército de posibilidades o,
la influencia de su color
sobre el espíritu más apagado o,
la absoluta y concluyente verdad que es
cuando no la hay.
O a Cortázar.
IRMA, LaPillis

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