A veces es necesario,
golpear la cabeza
golpear la cabeza
contra las paredes
del entendimiento
para entenderse y entender
para entenderse y entender
siempre está expuesto a los
espasmos
de la tragicomedia existencial,
de alguna emoción de tinte rabioso,
de
una contradicción de áspero deletreo o,
un reclamo de enfática resonancia
la mente habla de letras y números,
y al mismo tiempo se
contesta: agua y aceite
no se entiende que las estadísticas
riñan brutalmente con la
poesía
que se empina por detrás de lo viral y,
que se empina por detrás de lo viral y,
animosa levanta sus
brazos
saludando con vehemencia
saludando con vehemencia
a un sobrepoblado mundo
que no la
reconoce ni la mira
maestra como es,
tira de las orejas a las dudas y sin saber
cómo,
la voluntad se llena de flores,
le quita el oxígeno a la frustración
y
aviva todos los motivos que sostienen
una vocación lírica
que parece escurrirse
que parece escurrirse
por los sifones de la desesperanza
al final, la sensibilidad parpadea
ruborizando las mejillas
de un silencio
que yacía en un verso contenido
entonces, todas las paredes desaparecen
que yacía en un verso contenido
frente a la sublime entrada del lenguaje y
la estética del
vocabulario
contra las paredes del
entendimiento y,
por lo general,
ellas caen.
por lo general,
ellas caen.
IRMA, LaPillis

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