Tan imperceptible la danza del hierro caliente
cuando va rodeando las cabezas
cuando va rodeando las cabezas
de las ensimismadas aves,
lelas ellas en su minúsculo universo,
apiñadas y conformes
apiñadas y conformes
con los barrotes bronceados en la piel
yo tengo alas voluminosas y pulmones sensibles,
no quepo en las pajareras y, a veces,
tropiezo con las puertas del campo
no tengo rama propia ni
calle con nombre que me ubique,
cuando sale el sol, siempre me quedo atrás de la
bandada mientras lo observo...
¡me gustan las cosas que suceden por primera vez todos los días!
así que está jodido, muy jodido,
que renunciar a vivir en cualquier jaula
no me cueste quemarme las puntas de
las plumas un poco,
pero soy ave de mirada larga y
en todo tiempo, de corto trino
amo el nido en el árbol y el perceptible silencio
de una bandada en vuelo libre
en realidad,
temo no caber ni en el ancho de las palabras
pues,
pues,
lo único que me cabe a mí en el pecho,
es el cielo.
es el cielo.
IRMA, LaPillis

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