De un puñado de estrellas
no se saca un arito de oro;
no es como se cree,
no es como se quiere,
no es, como nada
demasiadas lágrimas han rodado
cuesta abajo
desde la cuna hasta el acunar
una mujer, y otra,
se acurrucan sobre piedras
más blandas que lo vivido
no hay cuento azul,
ni final rosa,
el silencio es un habitante
en la oscuridad de la garganta
todo lo que brillaba del universo,
se fue apagando como velas amanecidas
a los pies de los santos
la soledad y la tristeza enriquecieron,
mientras que la alegría
nunca pudo burlar a la pobreza
por eso,
de un puñado de estrellas
no se saca un arito de oro;
no es como se cree,
no es como se quiere,
no es como nada
el cielo no es uno sólo,
como una sola, no es la mujer
para ella el cielo puede ser
un techo cuadriculado,
un bombillo en intermitente agonía,
una tarde entre sabores,
un segundo
unos ojos de miel,
dorados,
redondos,
dulces,
lustrosos,
vitales,
como un aro estelar
alrededor del pulso.
IRMA, LaPillis

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