Irma Pérez Escorcia

LA PILLIS

IRMA PÉREZ ESCORCIA

BIENVENIDOS

Este es un rincón donde las emociones encuentran palabras, donde el alma se expresa sin máscaras y cada verso es un latido compartido.

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DE LOS OBREROS QUE VEO - Sentipensando

Los estoy mirando, siempre los miro. Generalmente estoy en la ventana de enfrente, quieta y absorta, como quien está embelesado con un magnífico horizonte y no puede retirar los ojos de allí. No hablo del parque de los enamorados o de una exhibición de fuegos artificiales, tampoco de un paisaje de pintura, ni siquiera de un paisaje natural y exuberante. Lo que miro es otra cosa, miro a los obreros, a esos hombres de casco o capucha, de overol o jean, de veinte o de cincuenta años, de mochila o morral, con sus pieles curtidas y empolvadas hasta las pestañas y con sus manos..., sus manos callosas, cuarteadas, secas y con heridas; profundamente sucias las uñas, permanentemente oliendo a pintura, a cemento y sudor, su ropa y su rastro.

Los veo en las tiendas de esquina, cuando a medio día entran a comprar su almuerzo que consiste -la mayoría de veces- en un litro de gaseosa y muchos panes o comida "de paquete". Muy pocos sacan de su morral la tradicional coca de plástico con arroz, plátano y lentejas, y cuando lo hacen, suelen compartirla junto con su aguapanela, con el compañero que nada trajo.

Los veo subidos en andamios que cuelgan desde pisos altísimos, con apenas un arnés que  a veces parece improvisado, con toda la valentía, sin embargo, de quien se sabe en riesgo y aun así, lleva a cabo su trabajo.
Los veo al sol y al agua, sin una indumentaria digna para el sol y para el agua; empapados por horas, de agua y de sol.

Los veo al final del día, en grupos, esperando transporte o un aventón de algún "comedido" que después, seguramente, les cobrará el favor. Y a muchos otros, sin ninguna opción, que se van caminando tal como llegaron -muy temprano- en la mañana.

Los veo. Ellos son los mismos que los sábados a medio día, se retiran "a descansar" hasta el siguiente lunes y que cuando reciben su pago, camino a su casa se detienen a comprarse una cerveza y terminan bebiéndose toda la canasta, aunque sepan que el lunes ha de comenzar con la resaca y una quincena más sin una moneda en sus bolsillos. 
Pero también están los otros, los de la coca de plástico con arroz, plátano y lentejas, los que aseguran el bocado y el abrazo a su familia; los que nadie ve o que ven apenas como si hicieran parte del paisaje de un orden urbanístico al que se da por hecho el que su realización no involucra ningún sacrificio humano.

A ellos los veo levantar vigas y ladrillos, cortar varillas y vidrios, picar, perforar, estucar, aserrar, pegar, calibrar, subir, bajar, subir, "poner un piso sobre otro", ser la mano de obra de los rascacielos, los recintos, los centros comerciales, los puertos, edificios y casas y, de todos los techos en donde tú y yo, vivimos y pasamos lo más de bueno.

IRMA, LaPillis 

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