El tiempo no conoce la paciencia,
aburrido en su rutina,
parece eludir el tedio de no ser más que eso,
y de no tener boca qué besar
aburrido en su rutina,
parece eludir el tedio de no ser más que eso,
y de no tener boca qué besar
el tiempo es un envidioso
asolador de la luz y de los ánimos
asolador de la luz y de los ánimos
nadie se escapa de perder el aliento
o de claudicar en la insuficiente pausa,
pues él,
desde de su primera y única lanzada,
sólo sabe correr.
o de claudicar en la insuficiente pausa,
pues él,
desde de su primera y única lanzada,
sólo sabe correr.
IRMA, LaPillis

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