La naturaleza es una promesa que nunca necesitó hacerse, ¿para qué más ejemplo?
Así que, sin promesas "gente jacarandosa", sin promesas, que nada tiene más valor y aprecio que aquello que va llegando natural y espontáneamente; eso que no genera duda, solicitud, necesidad, espera, vacío o fin.
Si pides una promesa, no crees en el otro.
Si te piden una promesa, el otro no cree en ti. Así de simple, claro y contundente. Porque las promesas se inventaron, justamente, cuando dejamos de creer en la veracidad de la sola palabra dicha (implícitamente ejecutada desde la convicción y la voluntad), de la sola presencia. Creer en el otro entonces, es la gran libertad de la confianza que no está sujeta a nada, pues "prometer", en cambio, es un verbo que necesita muletas para echarse a andar y una mirada más que sostenida en donde la mano no tiemble.
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