jueves, 3 de noviembre de 2016

A veces
cuando camino la desconocida calle
cuando me encuentro en las vitrinas
o en las ondas de algún charco
en los ojos de un retrovisor
o en la tapita del labial que uso
cuando la multitud que me rodea
se atora en los ascensores
en las puertas giratorias
en los semáforos en verde y
cuando espero
el paso
el turno
la hora
el timbre o la moneda
cuando preparó el café
cuando me cuelgo el bolso
cuando escribo mi firma en
la hoja del día o, del poema;
a veces
cuando todo eso
tengo esa sensación
recurrente
pasmosa
sublime
como lágrima espiral y silenciosa
de una caricia profunda en mi pelo
de un roce acentuado en la mano
de una sombra a la izquierda
o, a la derecha un abrazo
de un místico beso
casi húmedo
casi cálido
casi intenso
en todo el centro
de mi soledad absoluta.

IRMA PÉREZ, La Pillis

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