Cuánta distancia
desde la punta de mis pies
hasta esos brazos
que me han soltado
cada vez que sucede la despedida,
se lleva un poco de mí,
me retira la primera piel,
y una sola lagrima, la enorme,
me baña de sal la carne viva
no es fácil
abotonarse así,
maquillarse así,
sonreír y saberse, al final,
vestido de pies a cabeza
de soledad,
en un sillón de la casa.
IRMA, La Pillis
2014
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