son las dos de la madrugada,
son las cuatro
el licor se termina, no el hielo,
el sueño ha perdido su reloj
pero no es del cuerpo el cansancio
una multitud de ojos la miran,
el mensaje no les llega,
la puerta de salida enfrente
golpea la campana,
se asoman vertical humo y neblina
solo humo y neblina
algo más que su boca se entumece,
es su cuerpo sin latido,
son sus pies clavados en el piso.
A las once de la noche
sigue siendo ella en la barra de un bar,
¿ella?,
¿la silla?,
¿la copa?,
¿la noche?
ella, una mujer más sin perdonarse,
su voluntad sin ella
repitiéndose,
eterna,
harta de si misma.
IRMA, LaPillis
2015

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