domingo, 31 de julio de 2016

LAS CARAS DEL SILENCIO
El único silencio pleno y agradable es aquel que está desprovisto de todas las temperaturas de los sentimientos. Ese que es antesala y preludio de algo importante. El que no contiene nada y nada lo contiene.
Todas las emociones tienen sonido, algún color, algún filo; es inevitable y comprensible entonces, que estemos todo el tiempo escuchando una orquesta, cambiando de ritmo, reiniciandonos sin pausa, latiendo a brincos o sostenidos en una nota llorona y larga como el grito lastimero de una cuerda de violín.
Pienso entonces que hay silencios de silencios y Silencios... y que ninguno se parece al otro en el modo de pronunciarse, ni en la forma de escucharse.
Como ese silencio que llega abruptamente y viene cargado de imposición, unilateral y egoísta como el mandato de un tirano o, aquel que se evidencia en la decisión de consentimiento consciente y permanente de no dar respuestas ni opciones o, ese que eso sí, es la única opción, por exceso de miedo o por exceso de mentira, de dolor o por exceso de vergüenza. Qué decir de ese silencio que queda como aguja en los oídos cuando alguien se va, cuando todos se van.
A veces, estos silencios son como ondas de confusión y energías rotas que emiten mensajes equivocados e infinitos, tan parecidos a los mensajes que nos mandan en textos e imágenes por Internet. Un silencio así, es tan peligroso como una bomba de tiempo y aunque no lo parezca, su sonoridad es tan elocuente, que quedarse en él, es estar haciendo tanta algarabía como el mismísimo ruido.
Todo silencio premeditado e intencional es el resultado de una decisión voluntaria y libre y, como todo, esa postura también conlleva un precio y una consecuencia; la misma que se debe asumir cuando se actúa de manera contraria. Activos y pasivos hacemos el balance que refleja nuestra vida. A veces el silencio es mas explícito que todas las palabras o argumentos, es un "si" o un "no" otorgado como respuesta tajante y absoluta, pero también es un hecho en sí mismo y como tal, al final, es lo único que cuenta.
Yo amo el silencio; en ocasiones es mi compañero, la vía por la que me gusta andar y pasearme tanto. Amo aquel silencio que no tiene doble, ese, el silencio necesario, el silencio cómplice, el amoroso, el compasivo, el solidario, el porque sí, el imprescindible, el que lo dice todo.
IRMA PÉREZ, La Pillis - 2014 

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