
La adultez no siempre enseña
de tanto y tanto,
gruesa la piel del egoísmo
y obesa la tozudez,
la obstinación se endurece
como una caparazón
sin filtro pequeño de humildad
viene la niñez
y sabe doblar el día,
ablandar la noche,
acortar el horizonte mientras lo sueña,
la malicia no conoce luz
y el orgullo pierde
todas sus esperanzas
la niñez es una escuela
sin retórica en las paredes
ni rencor en las asignaturas,
es el lugar donde se aprende que,
no hay peor adulto
que aquel que siempre
le da alas a la rabieta
para llamar la atención.
IRMA, LaPillis
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