LA PILLIS

IRMA PÉREZ ESCORCIA

BIENVENIDOS

Este es un rincón donde las emociones encuentran palabras, donde el alma se expresa sin máscaras y cada verso es un latido compartido.

Gracias por entrar a este, mi Universo Poético.

ADIÓS IMPAR


Ojalá que el olvido de mí
te llegue mucho antes que la indiferencia,
y entonces, 
ojalá que mi indiferencia llegue puntual, 
justo antes de tu olvido

todo, ojalá, sí

como quien espera que no suceda 
la mordida profunda
del inminente adiós impar. 

IRMA, LaPillis 

DE LAS PALABRAS Y SU AUTORIA - Sentipensando




Hay palabras de todo tipo y de todo origen y, de alguna manera, en tantas ocasiones las asumimos sin derecho de autoría y reconocimiento. Así, hay palabras que son amores, grandes favores y verdades que lo mínimo que esperan -si acaso esperan algo-, es la mención del nombre de quien las ha reunido y las ha hecho libres para el bien y/o el placer de otros.

IRMA, LaPillis 

COMO ERA YO, COMO SOY AHORA


Yo era niña sin conjugar verbos,
yo era tímida, 
bochornosamente retraída

yo era silenciosa y solitaria,
risueña y sociable, sin embargo,
yo era de pelo largo, y miedosa

yo era feliz sentándome en las pestañas del mar, 
en el mar

yo era un pez,
yo era una historia de corto párrafo,
de largo suspiro

Ahora, 
soy una mujer cincelada por el tiempo, 
nueva, reparada, curtida, 
vieja como la experticia,
niña como la caricia,
con las añadiduras, las fisuras y 
condecoraciones en las escamas 
de lo que yo, no era entonces.


IRMA, LaPillis 



PEQUEÑO GIGANTE - A mis hijos Daniel y Pablo


  
Es tu existencia, pequeño gigante,
la abundancia del amor en pleno, 
el alimento perfecto, 
la estancia de la ternura, 
el regreso del tiempo perdido, 
el mágico instante que ocupa la felicidad. 


Tus ojos, pequeños gigantes,
como canicas que titilan y deslumbran 
con su reflejo limpio y bondadoso, 
llenitos de lágrimas, llenitos de risa, 
atentos, asombrados, 
dormidos, abiertos; 
lamparitas encendidas en la casa. 


Con tus manos, pequeñas gigantes, 
vas dejando dulcísimas manchitas 
de colores en las paredes 
y en el revés del corazón; 
con una sola de tus sonrisas 
sueltas los nudos de mi garganta 
y tu risa embalsama mis tristezas. 


No sabes, pequeño gigante, 
que en un abrazo rodeas el mundo 
y abrazas mi cuello haciendo posible todo. 
Tampoco sabes aún, hijo mío, que me hago 
gigante y pequeña cuando te miro, 
y que veo en ti, todos los recuerdos 
del amor que soy.


IRMA, LaPillis 
Poema de mi primer libro A VERSOS LA VIDA, 2012

A PROPÓSITO DEL DÍA DEL ESCRITOR, DE LA ESCRITORA Y DE LA ESCRITURA

En todas partes del mundo hay uno, en todos los lugares una persona apretando un lápiz, tecleando ideas, anotando sueños. Allí, en el barrio, en la oficina, en el campo, detrás de unas gafas cualquiera. 

Ellos quizá hablen poco, quizá se la pasen mucho tiempo a solas, tal vez parezca que están ahí y ¡están!, pero sólo físicamente; quizás están soñando con los ojos abiertos o bien inventando los detalles de una historia; así como hay otros que sólo escriben de lo que van viviendo o de lo que están buscando o bien, de lo que no saben, para saber. Quizá es ése que escribe y escribe y no para, porque el punto final -impredecible- es lo único que detiene las palabras -plumas- de perderse o irse con el viento. También está el del "bestseller", el que prefiere el anonimato, el que no ha podido publicar nunca, el que viaja para escribir y el que escribe para vivir. El que sólo escribe. 

En todas partes del mundo hay uno, un ESCRITOR. Qué bien. Ellos son los que hacen posible los diálogos universales porque pueden ponerle tono, tiempo y voz a todos los seres vivos y al entorno natural que, de mudo no tiene nada. En realidad, pueden poner lo que les de la gana, porque ellos habitan en la periferia y en el centro de lo imaginario, en donde encuentran un mundo paralelo que crear. Pero así también, son ellos los que han entregado su existencia y dado su vida, con tal de decir y contar, sin un ápice de falsedad o mentira, de miedo o cobardía, "por dónde es que viene y va el agua que pasa por el río".

Los Escritores, maestros imprescindibles, como los niños recién nacidos o como los ancianos felices. Aunque a veces se enredan, se cansan o se demoran cargando "todo el llavero", siempre logran abrir todas las puertas de la vida real pues las consideran todas, todas imaginarias. 

Y así, al que más y al que menos haya escrito un texto, un renglón, un párrafo o un verso para otros, para tí, para mí, HOY se reconoce la importancia de su oficio, el propósito de su misión y la razón de ser de su vocación. Se le agradece. Se le lee. 

A todos ellos, ellas, eslabones contiguos mano a mano, cómplices de la provocación del pestañeo y la salvaguardia de la causa y el efecto de este oficio, 

¡FELICIDAD, GRATITUD Y LETRAS! 


IRMA, LaPillis 

🖋️🤍🎈

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LAMPARITAS - Sentipensando


Al nacer, todos llegamos con una lamparita encendida. Es nuestro deber y nuestro derecho mantenerla así durante todo el trayecto de la vida y mientras caminamos hacia nuestro horizonte particular pues, calor, fuego y luz son las tres cosas fundamentales que necesitamos para acompañar la existencia.

Calor: la justa medida del amor que procura, privilegia y preserva la calidad y calidez de todas las cosas que armonizan y equilibran la vida.

Fuego: la justa medida de apasionamiento y entusiasmo que todo lo mueve, lo potencializa, lo crea y lo reinicia.

Luz: la perfecta medida de conciencia y sabiduría que todo lo revela, lo encausa, lo facilita y lo ilumina.

Al nacer, todos llegamos al mundo del bien y el mal con una lamparita encendida. Cada lamparita pertenece a uno y a un sólo ser único, pero ellas son al mundo como los dedos a la mano. De la vida, son la vida. Del ser, son el don.

Al nacer, todos llegamos con un don.

IRMA, LaPillis

HA MUERTO UN ÁRBOL - Sentipensando


Ha muerto un árbol. No era cualquier árbol. Era mi vecino. Vivía justo frente a la ventana en donde me siento a escribir todos los días. Era un compañero de diálogos e intercambios de savia, de lúcida e inspiracional belleza. Era un ser vivo majestuoso y longevo. Cayó de repente hace un par de días, como han ido cayendo otros que, como él, se cargaron de agua tras continuas lluvias que hicieron que sus raíces no encontraran tierra estable y suficiente para arraigarse y aguantar su peso. Qué pena se siente ver la caída de un gigante; de un gigante desinteresado y generoso.

Ahora me pregunto sobre lo que sigue para él, ¿qué pensarán los guardabosques y la industria maderera cuando lo vean ahí tirado? Enorme él con su larguísimo y robusto tronco tendido y dispuesto a ser retirado en pedazos, en pedacitos. 

Pero, yo quiero ir más allá del evento, del mueble o la pieza de madera en la que lo convertirán. Los árboles originalmente son seres vivos. Las industrias, todas ellas movidas por seres vivos. Nosotros, seres vivos que lloramos a nuestros muertos. ¿Llorarán los árboles a sus similares cuando éstos caen definitivamente al suelo? ¿Le harán duelo? ¿Le temerán al momento de su turno? ¿Notarán ellos sus ausencias? Todo esto, absurdos de preguntas que se me ocurren a sabiendas de que jamás rebotarán respuestas comprobables o ciertas. Qué tontería la mía ahondar en estas cosas; todos los días se cae o hacen caer un árbol por ahí. Hay asuntos más importantes en qué pensar, en qué ocuparse, dirán. 

Y sí, qué necedad cuestionarse sobre el comportamiento de la naturaleza, si tantas veces, ella solita se ha explicado por sí misma; es maestra, sin academia y sin retórica; ejemplar en su constancia, consistencia, entrega y puntualidad; contundente y sabia al enseñar que ningún ser vivo es paisaje mientras ocupa un espacio y respira. 

Ha muerto un árbol. No era cualquier árbol. Era un digno galán de una exuberante arboleda que ahora, desde mi ventana, se ve incompleta; danzaba, cantaba, me daba ideas, limpiaba el aire y guardaba nidos. De buena madera era.

IRMA, LaPillis 


En algún poema te encontrarás un día, y ese será un lugar para tí, a donde volver siempre.

UNO A UNO

Cuestionable el habitual orden de las cosas,  levantar primero el techo de una casa  o devorar el fruto de lo que aún no es árbol  hay un or...