Yo a veces quiero ser otra mujer,
ser eso y ser lo otro,
tener más o tener menos
pero me acuerdo de ti,
de que es a mí
a quien tú amas cuando miras,
y entonces,
esa otra mujer desaparece
tras la envidia
de no ser yo.
Este es un rincón donde las emociones encuentran palabras,
donde el alma se expresa sin máscaras
y cada verso es un latido compartido.
Gracias por entrar a este, mi Universo Poético.
"Esperar el momento correcto/perfecto suele ser una de las trampas favoritas del miedo" (leído por ahí).
"Estoy esperando el momento correcto, porque cuando me decida, no habrá punto de retorno para mí; no saldré con nadie más; no amaré a nadie mas; no me importará nada más por el resto de mi vida" (leído en el muro de un amigo).
Luego, pienso yo:
Cómo no va a dar miedo tomar esa decisión basada en tanto radicalismo. Parece que en el fondo se teme tanto a no ser consecuente con los sentimientos, que hace falta condicionarlos para tomar una decisión que, en realidad, debería surgir con plena libertad y confianza a partir de lo que se siente en el aquí y en el ahora. Nada garantiza no equivocarnos, y no hay nada malo en ello si eso sucede; lo que es legítimo no merece espera y no debería avergonzarnos o ser motivo de arrepentimiento. Hay que hacer que las cosas pasen; porque por lo general, quienes pasamos somos nosotros frente a la indiferencia de las cosas.
La vida misma.
IRMA, LaPillis
dan ganas de alargar esa ternura que tienen
los presentes concedidos,
de postergar saber
qué caricias vienen envueltas en papel de seda
para demorar el último sabor de esa auténtica sorpresa
complace dejar esa presencia a la vista,
muy a la mano, sin abrirla, sin tocarla;
saber que está cerca,
que tiene voz, ¡un rostro!,
que se encuentra sólo a la distancia de
la voluntad ya conquistada
pasado el preámbulo
-más no la dulce expectativa-
buscar el momento para
la ceremonia de develación y disponerse
a reverenciar el placer del recibimiento
recibirlo,
abrirlo,
saberlo,
sentirlo,
llorarlo en estallidos de dicha
como a él,
como él,
-gracia espléndida del amor que me bendice-
cada vez y todas las veces
que me llega.
IRMA, LaPillis
Era un lobo manso y sosegado, pausado en su caminar, poco temible, pero su piel evidenciaba todas sus fieras batallas se sabía imponente y ...