Aquí estoy de nuevo, en una esquina cualquiera
de este espacio amañado de fantasmas y duendes,
entapetado de hilos de luz y de otros hilos que,
otrora, entraran por debajo de mi puerta
de este espacio amañado de fantasmas y duendes,
entapetado de hilos de luz y de otros hilos que,
otrora, entraran por debajo de mi puerta
me siento sobre su escasa sombra
y alcanzo a ver mis pies desnudos
aferrándose al piso como garras de león
a la desprendida roca
mi cuerpo inmóvil, tirita y suda,
sufriendo calambres y dolores en las uñas de
mis encarnadas manos, ya cansadas de arañar
las mismas paredes sin pintura
aquí, en un rincón cualquiera,
desde el vértice de este lugar
donde vivo la quietud del tiempo,
me sorprendo de improviso
de la claridad que oscurece mis ojos
entonces, me doy cuenta de mi propia clausura
y aparezco sin pestañear, sin duda,
de pie, desnuda,
al borde de la puerta
siento que caen cadenas, grilletes y muros,
y al fondo, tras el estruendo y la agitación
unas trompetas en su tesitura divina
me anuncian la bienvenida
con su beso de viento sobre mi palidez
ahora, es otro lugar, otro ser me habita
expuesto y vulnerable como recién nacido
un miedo de desabrigo me amenaza
y me toma por el cuello,
me quiere quitar el aire y todo impulso de
conocer mi soberanía
pero yo, ya estoy afuera,
yo, ya,
me supe libre.
IRMA, LaPillis

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