No, nada se explica,
nada se sabe,
yo no sé nada, soy una más
nacimos del dolor de Dios
y somos esa lágrima suya que
accidentalmente
cayó sobre la tierra
quizá por eso,
de continuo la suplica,
la incesante lucha,
la tierra por la sangre,
la sangre por la sangre,
el permanente miedo,
la vulnerabilidad de la vida,
equivocarnos, caer...
quizá por eso,
siempre en la boca
el sabor ese... metálico,
de la eterna incertidumbre,
del sufrimiento antiguo,
del olvido que no llega,
del fin en manos del odio,
de la maldad y sus triunfos
pero, nada se explica,
nada se sabe,
yo no se nada, soy una más
entonces, solo conjeturo,
solo bordeo una sombra,
solo sospecho
que nacimos del dolor de Dios,
de una sola de sus lágrimas
un día o, una noche,
mientras nos soñaba.
IRMA, LaPillis

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