Me derrumbo sobre mis rodillas
sin ningún dolor,
caigo con cada una de las lágrimas que
llamaron al éxtasis y que colmaron
la capacidad de mi corazón
de recibir más
ahora, desde este pedacito de suelo,
me inclino y reverencio al cielo,
artesano del tejido celeste de este
alborozado abrazo,
promotor del gozo compartido y
de la bendita coincidencia del momento,
de este encuentro donde todo es nuestro
y de nosotros el tiempo,
para que me vea sin vanidad alguna,
desprovista de peticiones y dudas,
y ofrendarle, con la mística del
verso de un poema,
esta gratitud
que me reboza el cuerpo,
que me desborda el alma,
por el sublime regalo
de tu amor
me derrumbo sobre mis rodillas,
aunque se partan.
IRMA, LaPillis

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"Toda crítica verdadera es un acto de amor".